El Presidente de Venezuela ha anunciado su intención de dar consejos al Presidente de Bolivia sobre el tema petrolero. Las regalías petroleras que cobra Venezuela son de 16 por ciento y las de Bolivia de 50 por ciento. Si el consejo será rebajar las regalías, es poco probable que Evo Morales acepte el consejo de Hugo Chávez. Si lo hiciera estaría poniendo en juego su cargo y hasta su pescuezo, invicto de otras corbatas.
Pero hay otros consejos que recibe Morales y que le están ayudando a definir temas importantes de su futuro gobierno. Había cometido el error de negarse a responder una llamada telefónica de Ricardo Lagos el propio 18 de diciembre. Los gobernantes europeos con que habló en su gira le aconsejaron establecer diálogo con los líderes chilenos (algo se traen) y entonces Morales decidió reparar el agravio, llamar a Lagos y hacer otras concesiones para que el presidente chileno esté ahora en La Paz. Su discurso tendrá un párrafo menos.
Alguien tendrá que aconsejarle ahora corregir algunos errores que cometió en los días previos a la toma de mando. Algunos bolivianos se han sentido excluidos del festejo hecho en Tiwanaku, concebido como un grito de victoria aymara frente al resto del país.
Si existe esa sensación, habrá que repararla. Fortalecer el espíritu de cuerpo de los bolivianos será decisivo para que el gobierno de Morales enfrente los riesgos que están mostrando los bigotes con demasiada anticipación, y que provienen, casi todos, de sus supuestos aliados, compañeros de ruta, expertos volteadores de gobernantes, aunque ninguno que haya tenido 54 por ciento de los votos.
Morales nunca estuvo en las “heroicas” jornadas alteñas, pero los mariscales de esas luchas reclaman un tratamiento especial, y lo hacen golpeando la mesa. Nacionalizar el petróleo sin pagar indemnizaciones, y hacerlo mañana, es una exigencia de esos mariscales. ¿Cómo explicarles que el acuerdo surgido en Brasilia la semana pasada habla de una sociedad entre YPFB y Petrobras, que excluye la nacionalización, por lo menos de esa empresa?
Y, en general, ¿cómo quitarle inercia a todos los grupos acostumbrados a aplicar la democracia recontra participativa para todo y para nada? Habrá que decirles que este es el fin de la ruta. ¿Lo es? Habrá que decirles que ahora hay que ir al desarme.
Esos grupos de interés que operan en el país, como las mafias en Rusia, unidos por el afán común de la evasión de impuestos, y que abarcan a transportistas, a mineros cooperativistas, a contrabandistas, a comerciantes minoristas, ¿le darán tregua a Evo Morales?
Las petroleras, con pocas excepciones, están diciendo que firmarán los nuevos contratos. ¿Quién convencerá a los grupos de evasión masiva de que es preciso creer en el país y cambiar de actitud, que es preciso firmar el nuevo contrato social?
Se lo tendría que decir el país entero. Pero para eso se necesita un país unido, sin resentimientos, sin excluidos, sin marginados. Pasar de un país con minorías raciales marginadas a otro con regiones marginadas no es una solución. Es empeorar el problema. Ojalá alguien aconseje bien al presidente sobre este tema. Sus amigos europeos podrían servir.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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