Con rituales nunca vistos, Evo Morales Aima recibió en Tiwanaku la bendición de los dioses indígenas para ser líder del pueblo.
El acto en el que los amautas le entregaron el poder empezó a las 12.00, cuando el Presidente electo pisó suelo sagrado e ingresó en las ruinas, acompañado por Álvaro García Linera, Santos Ramírez, Edmundo Novillo y algunos parlamentarios indígenas.
Una columna de jilakatas, cubiertos con ponchos rojos, y otra de Mama T’allas, vestidas de negro, resguardaron su paso, marcado por el sonido ronco de conchas marinas y el sahumerio de k’oas (ofrendas), hasta que el futuro mandatario se acercó a cuatro amautas vestidos de blanco.
Hasta allí —el ingreso a la pirámide de Akapana— le acompañó su comitiva. Luego avanzó solo. Una vez en la base de la pirámide, los sacerdotes indígenas trajeron un cofre de madera del oriente que contenía un poncho rojo con un sol dorado bordado en la espalda, abarcas de llama y un báculo.
Con k’oas y flores, los amautas le quitaron la chompa que utilizó en sus viajes y le vistieron con un poncho. Se arrodilló para descalzarse, se puso el chucu o gorra en la cabeza y recibió el báculo.
Entonces, ingresó en Akapana y en una primera estación se arrodilló para besar un desnivel del suelo, que según arqueólogos que estudiaron estas ruinas se habría utilizado para realizar sacrificios.
Luego fue a una segunda estación donde recibió otro bastón de mando, y por último se detuvo en la Puerta de la Luna, donde también fue embalsamado por k’oas y diversas especies florales.