El político de más rápida carrera hacia la presidencia de la República ya está sentado en el Palacio Quemado, decidido a gobernar por todo un periodo (¿enero o agosto de 2011?). Se preparó, con el MAS, durante siete años y ahora tiene que gobernar casi por igual lapso.
Otros, en cambio, llegan a la presidencia después de largos periodos de preparación. La carrera hacia la presidencia no suele ser una carrera de cien metros planos, sino una maratón. Es el caso de Lula, que participó en seis elecciones antes de acceder al Palacio de Planalto. Dicen que la maratón es el deporte supremo, pues forja como acero a los atletas.
Han pasado los festejos de la asunción de Evo Morales a la presidencia de la república y me queda la sensación de que nuestro campeón no tiene programa de gobierno. Debe llamar a la asamblea constituyente. ¿Y después, qué? Peor todavía: ¿y mientras tanto, qué?
Lo malo es que nuestro campeón no puede fracasar. Sería el fracaso de toda Bolivia. Habríamos despertado una expectativa muy grande, y estaríamos por decepcionar. Evo Morales no puede fallar. Sería equivalente a que Bolivia se declare un Estado fallido.
Todos han mostrado su simpatía hacia el nuevo presidente. Incluso hay empresas petroleras que han anunciado su intención de suscribir los nuevos contrato, sin detenerse en el detalle de que violan los anteriores.
Y esa es una de las pocas cosas claras que tiene el gobierno: quiere que las empresas petroleras firmen nuevos contratos.
Aparte de ese propósito, poco se sabe, que no sean los enunciados acerca de bajar los salarios de los funcionarios del Estado, o rebajar la corrupción. Mencionó en el discurso de inauguración que rebajará los salarios del gobierno central porque es injusto que unos ganen 25.000 y otros solo 450.
Eso es mirar el vaso medio vacío. No mencionó plan alguno para que los que ganan 450 ganen más. Y ese tendría que ser el objetivo mayor. Porque bajarle el salario a sus ministros es fácil, aunque no se sabe para qué sirva. Lo difícil es hacer que suban los salarios muy bajos. Igualar por lo bajo no es una propuesta alentadora.
Falta programa de gobierno, es cierto, pero el gobierno goza de una muy buena predisposición de la gente. Le han perdonado al presidente el repetir algunas cosas, incluso chistes, con excesiva frecuencia. Su repertorio no es muy amplio. El gobierno necesitará aumentar los ingresos del Estado. En el campo de las petroleras el trabajo está a mitad de camino. Pero hay otros sectores de donde se podría lograr recursos, que no tienen la menor intención de ceder, ni siquiera ante este gobierno que marca historia en Bolivia por todo aquello de las reivindicaciones raciales postergadas.
Son los grupos de poder económico y social que han creado modos de vivir y de realizarse mediante la evasión sistemática del pago de impuestos. Podrían ser huesos más duros que roer que las propias petroleras.
Son grupos que operan con el criterio de que, en realidad, no existe el Estado boliviano. Parecido criterio al que sustenta la mafia siciliana, que compite con el Estado en el cobro de tributos. Estos grupos bolivianos no son mafia, no usan la escopeta recortada, la famosa lupara en Sicilia, pero en cambio tienen como norma de comportamiento, como principio, el no pagar impuestos. Cuando el Estado ruso se debilitó, las mafias tomaron el control de las cosas. En Bolivia, los grupos de evasores están organizados y se fortalecen conforme se debilita el Estado boliviano. Los transportistas, grandes capitalistas que poseen patrimonios millonarios, han decidido que no pagarán impuestos directos. Se escudan en pobres taxistas que resultan siendo sus aliados para exigir que no se apliquen impuestos.
En el campo de la minería se presenta una situación parecida. El impuesto a las utilidades que se cobra en el país es el más bajo de América Latina. Para cambiar el código de minería el gobierno del MAS deberá enfrentarse a los cooperativistas mineros, que no pagan ningún impuesto.
Y todo el sistema de comercio que se escuda en el régimen simplificado. O los profesionales que jamás pagan impuestos por sus servicios. La lucha contra los evasores sistemáticos de los impuestos podría ser más dura que la lucha contra la colonia y contra la marginación.