“Valentín se rebela y afirmándose en su fe católica, opta por celebrar matrimonios en secreto”. “Libertad no conozco, salvo la libertad de vivir preso de alguien”, escribió el poeta Luis Cernuda en “La Realidad y El Deseo”; y es esta tan anhelada libertad aprisionada, la cual recobra vigencia en estos días cuando nos acercamos a celebrar un nuevo festejo dedicado a San Valentín.
Y dado que todos y cada uno de los días son San Valentín para los corazones enamorados, es en torno a esta fecha —14 de febrero— cuando se realizan diversidad de actividades que giran en torno al tema. Si bien, los correos electrónicos y los mensajes a través del teléfono móvil, son dos de las vías más utilizadas hoy en día para expresar nuestro amor; las tradicionales cartas, postales y tarjetas recobran vigencia en esos días especiales.
Personalmente, no comparto el gusto gregario dedicado a los festejos de fechas plurales, porque considero que el sentimiento es único, nunca intercambiable y al igual que el momento... es irreemplazable. Sin embargo, no deseo pasar indiferente frente a la festividad de los enamorados y es por ello que me dejo sucumbir por el deleite que me brinda la ligereza de un besito furtivo y me regocijo de poder disfrutar del placer de develar cotidianamente la magia encubierta del amor.
Aunque actualmente, como tantas otras festividades en el mundo, el día consagrado a San Valentín se ha convertido en una jornada plenamente dedicada al consumismo, es preciso destacar que es una fiesta que conlleva una particular historia.
Allende las divergencias entre algunos historiadores —en algunos casos existen diferencias sustanciales— se cuenta que el principal motivo que ha originado que el 14 de febrero celebremos al amor y por ende al enamoramiento, es por ser la fecha en la cual se recuerda la muerte de San Valentín.
San Valentín, quien vivió en Roma durante el siglo III d.C, fue un sacerdote romano que se enfrentó al emperador Claudio porque estuvo en total desacuerdo con la consideración imperial que aseguraba que el hecho de tener una agitada vida conyugal disminuía considerablemente la eficacia de los soldados en el campo de batalla.
Valentín se rebela ante la imposición y afirmándose en su fe católica, opta por celebrar matri- monios en secreto para todos los soldados que lo desearan. Y es precisamente el hecho de haber sido consecuente consigo mismo y el haber defendido sus convicciones católicas y al amor lo que le valieron el alto precio de su terrenal existencia.
Se dice que en el siglo V d.C el papa Gelasio estableció que cada 14 de febrero se conmemorara a aquel sacerdote que defendió hasta con su vida a la fe católica y se sacrificó por el triunfo del amor.
Otros historiadores sostienen que la Iglesia Católica fijó esta conmemoración para cristianizar a la festividad pagana de Lupercalia, la cual se celebraba el 15 de febrero en torno al sexo y al amor.
Y si bien sobre el origen del día consagrado a San Valentín se han venido tejiendo una diversidad de leyendas, en cualquier caso, el venidero 14 del mes en curso no deja de ser una jornada en la cual el rol protagónico se lo lleva el amor.
*Mariella Pereyra es cientista política.
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