La crisis del LAB y sus secuelas La intervención preventiva del LAB dispuesta por el Gobierno, por 90 días, para detectar las causas de la crisis descubrirá, probablemente, lo que ya se sabe: que hubo pésimas administraciones antes, durante y después de la capitalización.
La huelga de ocho días que paralizó las actividades del Lloyd Aéreo Boliviano (LAB) y que fue levantada después de una demorada acción del Gobierno, se presentó en un momento difícil para el sector de la aeronáutica civil en el país, consecuencia de una combinación de factores que en este momento no son precisamente motivo de análisis de este espacio de opinión.
Sin embargo, si el LAB sobrevive a esta crisis será seguramente como efecto de un enorme sacrificio, pues la empresa arrastra un pasivo inmenso que amenaza sus operaciones futuras. Los costos de operación han subido, las deudas se han acumulado y la demanda de servicios ha bajado, creando una situación insostenible para el LAB.
El LAB probablemente no pueda continuar mucho tiempo más. Y es que los problemas que arrastra la línea aérea boliviana provienen de una historia de varios años, incluso mucho antes del proceso de capitalización. Crisis que se fue, en evidencia, agudizando durante la administración que tuvo la empresa por parte de los capitalizadores, los Canhedo —quienes fueran dueños, entre otras cosas, de la quebrada VASP, en Brasil—.
Es más, aquel proceso de capitalización tuvo, según dicen los expertos, vicios jurídicos y complicaciones financieras que hicieron que la administración del capitalizador del LAB sea nefasta y deficiente y, según sostuvo el presidente Evo Morales, también corrupta.
Luego llegaría la empresa a manos de empresarios bolivianos que, ante el legado, poco o nada ya pudieron hacer y, por el contrario, al parecer empeoraron la situación del LAB. A eso habría que añadir que el LAB no podía estar al margen de la crisis mundial de la aeronáutica civil.
Ante ese panorama y frente a este desequilibrio patente y, probablemente, irreversible quizá haya llegado el momento de elaborar una política de transporte aéreo pensada en el contexto boliviano y en la situación nacional.
Está claro que alguna solución habrá que dar a este problema que fue puesto en evidencia, de manera dramática, por la huelga de los pilotos del LAB, que paralizó la totalidad de la empresa y sus operaciones, poniendo al descubierto la existencia de pasivos por 170 millones de dólares. Así como deudas al Servicio de Impuestos Nacionales (SIN) por el orden de los 32 millones de dólares, a las Administradoras de Fondos de Pensiones por 24 millones y donde se supo que ni siquiera se han pagado las cuotas a IATA. En Perú, Ecuador, Paraguay, Venezuela y en el propio Brasil han quebrado líneas aéreas con mejores posibilidades que el LAB. La empresa boliviana estaba sobreviviendo —ahora se sabe— no gracias a un milagro sino a que sus administradores no pagaban sus deudas.
La intervención preventiva dispuesta por el Ejecutivo para detectar las causas de la crisis descubrirá, probablemente, lo que ya se sabe: que hubo pésimas administraciones y algo más.
Por otro lado, el Gobierno deberá estar atento a las objeciones que se den al procedimiento de la intervención de 90 días.
Tras esta crisis que no termina acá, quedan todavía las probables secuelas del paro: pérdidas en la devolución de pasajes, probables juicios a la línea por daños y perjuicios. Y aquella segura: una imagen deplorable no sólo del LAB, sino de Bolivia.