La Anomia es un concepto sociológico formulado por el teórico social francés Émile Durkheim, quien la define como el mal que sufre una sociedad a causa de la ausencia de reglas morales y jurídicas, ausencia que se debe al desequilibrio económico o al debilitamiento de sus instituciones, y que implica un bajo grado de integración. Los trabajos de Durkheim influyeron en la sociología estadounidense, especialmente en Robert K. Merton, que complementó esta teoría con el principio de la diáspora social, que constituye la salida violenta y radical de la anomia hacia un nuevo equilibrio en la sociedad. El sociólogo ítalo-argentino Gino Germani, por su parte, estudió el fenómeno de la anomia, estableciendo que la causa principal de ésta es el cambio rápido de estructuras, la carencia de normas o el conflicto con las vigentes.
Hace un par de décadas más o menos que Bolivia sufre de manera inequívoca los síntomas de la anomia social, que como toda enfermedad ha ido creciendo y amenaza con provocar esa salida violenta tan temida que implica la diáspora social. Tanto la sociedad como los individuos hemos venido soportando esta situación sin que hasta la fecha se haya podido enfrentar de manera eficaz el mal que nos aqueja.
Hace algunos años descubrimos la receta para restablecer el equilibrio colectivo, mediante la refundación del contrato social que nos suelda como comunidad, utilizando el mecanismo de la Asamblea Constituyente, pero diversos intereses particulares han impedido su materialización. Pasamos por varios gobiernos, infinidad de bloqueos, paros, violencia y desencuentros, antes de que la conciencia general obligue a la realización de este magno evento de reencuentro nacional.
Ahora, cuando estamos a vísperas de, por fin, llevar a cabo la Asamblea Constituyente, un nuevo y terrible peligro amenaza su realización: el intento por instrumentalizar políticamente este evento por parte del partido de gobierno. Una equivocada percepción de los nuevos gobernantes les hace pensar que la Asamblea Constituyente es un nuevo espacio político que se debe ´conquistar´, sin darse cuenta que la condición esencial para que exista una Asamblea Constituyente exitosa es que nadie se sienta perdedor, ausente o excluido de ella.
La Asamblea Constituyente podrá enfrentar a la anomia social siempre y cuando se establezca como el espacio de deliberación pacífico y democrático de congregación nacional. La Asamblea Constituyente debe reflejar la diversidad política, social, cultural, étnica, de género y generacional, además de contener en su seno las distintas visiones y estrategias de resolución que se plantean para superar la crisis de Estado que vivimos.
Cuando el 80% de los potenciales contribuyentes no paga sus impuestos, cuando se convocan elecciones inconstitucionales e ilegales, cuando contemplamos cómo unos ´estudiantes´ apalean a su Rector, cuando el primer ciudadano del país no respeta el artículo 43 de la Constitución Política del Estado y declara que las leyes y la propia Carta Magna ´le incomodan y no le dejan actuar´, cuando la gente vive al día y ha perdido la confianza en sus semejantes y en las instituciones, hemos llegado a la cúspide de la anomia y a la hora de la verdad.
*Ricardo Paz Ballivián es sociólogo constitucionalista. La Razón le da la bienvenida como columnista regular en este espacio quincenal.
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