No se puede menos que asumir una posición crítica frente a ciertas actitudes y declaraciones del Presidente de la República. Mucho de lo que dijo últimamente constituye afrenta a la más elemental sindéresis, convertida en blanco de contradicciones en torno a temas cruciales de la problemática nacional. Fallas como éstas le valieron un aluvión de críticas, tanto en el país como en el exterior. Claro, hay críticas y críticas. En algunas, se hace patente el móvil politiquero insuflado de revanchismo. En otras, se destaca la intención prepositiva. Criticar, si, en el ejercicio del derecho a la libre expresión que debe regir en toda democracia, pero a la vez aconsejar o proponer. Es lo aconsejable.
Si nos adscribimos a la segunda opción es porque nos preocupa la imagen de Bolivia en el exterior. Tomamos en cuenta que el Jefe de Estado encarna hoy la imagen del país ante la comunidad internacional. Si en el exterior se desportilla esa imagen, es Bolivia la que pierde. Perdemos todos. Basta pasar revista a los más importantes diarios de América y leer lo que se dice sobre Evo Morales para colegir la dimensión de tal menoscabo.
Al Gobierno le está haciendo falta concebir y poner inmediatamente en marcha un plan comunicacional con énfasis especial en la administración idónea de la imagen presidencial. Esta debe ser protegida contra las casi siempre negativas consecuencias de una exagerada exposición a los medios de comunicación social, tanto nacionales como extranjeros. Los contactos presidenciales con los medios deben ser calendarizados y ordenados en forma rigurosa. Al Jefe del Estado compete dar a conocer decisiones y líneas de acción del Gobierno en torno a temas que invistan el rango de políticas de Estado o a asuntos de real envergadura nacional, en el marco de conferencias de prensa rigurosamente planificadas. Elemento crucial del respectivo protocolo es la entrega antelada de las preguntas, por parte de los periodistas. Así, el Jefe del Estado tiene el tiempo suficiente para prepararse o dejarse asesorar en forma adecuada a fin de no incurrir en errores, imprecisiones y otras fallas en el desarrollo de las respectivas unidades temáticas.
Para los asuntos de coyuntura, basta y sobra el Portavoz Oficial del régimen. Es el encargado de hacer la síntesis sobre las sesiones de gabinete y difundir la posición del Gobierno sobre hechos, sucesos y procesos de rango menor. Como cabeza del respectivo órgano de comunicación social estatal, también es responsable de coordinar la información de los diferentes ministerios en una sola dirección, evitando que entre los titulares de los mismos se registren contradicciones y otras fallas que le resten credibilidad al Gobierno. Esto último, sobre todo, en lo que respecta a políticas de Estado y también a temas de la coyuntura.
Suponemos que tal plan ya existe, pero le atajan taponamientos internos. Acaso el principal de estos sea atribuible al propio Evo Morales. No hay día que el Presidente no se prive de aparecer frente a los micrófonos y cámaras de los medios de comunicación social, en el marco de la más manifiesta improvisación. Aparentemente, cree que en esta pasarela las luces de la televisión harán fulgurar aún más su popularidad, cuando sucede al revés. Se la ensombrecen...
Sobre todo, cuando dando tumbos retóricos se tropieza y cae a la incongruencia y los errores...
*Mario Rueda Peña es abogado y periodista.
Luces y sombras
Transcurrido el primer mes de la nueva administración del Estado, surgen los primeros elementos que nos permiten una primera y somera evaluación de la marcha del Estado.
Gobierno mundial
Concluida la Segunda Guerra Mundial, el mapa de conflictos del planeta —exceptuando Oceanía— quedó caracterizado por un continente europeo con una hegemonía económica incierta, mientras África se resquebrajaba a causa de sus luchas tribales