Qué pasa con los mercados Parece una paradoja, pero lo cierto es que algunos de los asociados de la CAN, que tienen obligaciones pactadas entre sus miembros, han optado por adquirir oleaginosas a la potencia más grande del mundo, en desmedro de Bolivia, la economía más débil.
Bolivia está siendo sacudida, en los últimos meses, por la sucesiva pérdida de mercados de los principales productos de exportación. Este hecho preocupa porque hace pensar que algunas reparticiones del Estado no han cumplido sus funciones correctamente — Relaciones Exteriores, Comercio Exterior y otras— o que ha faltado aquello de la diplomacia "directa" que resulta tan importante cuando los asuntos se tratan al máximo nivel, sin intermediarios subalternos, como son los encuentros presidenciales o de cancilleres, por ejemplo.
En lo que hace a los mercados del gas natural, fuera de asegurar las ventas al Brasil, se han malogrado algunas operaciones comerciales que estaban previstas con Estados Unidos (el mercado de California), y aparentemente con México, aunque todavía existan opciones como se conoció ayer. Queda por ver qué sucede con el mercado argentino y con el proyectado Gasoducto del Noreste, que podría ser muy interesante para Bolivia dependiendo de la negociación en los precios del gas.
Ahora, parece vislumbrarse la competencia de Venezuela con el proyectado Gasoducto del Sur que abastecería con precios competitivos a Brasil, Argentina y posiblemente al Cono Sur en general (Chile, Paraguay y Uruguay). En estos días están reunidas las máximas autoridades en materia de energía de Venezuela, Brasil y Argentina, lo que significa que el plan va en serio.
Pero lo que tal vez ha impactado más en Bolivia y lo que puede producir una fuerte caída en las exportaciones nacionales es la pérdida de mercados para la soya. El primer golpe vino desde Venezuela, con la apertura de su mercado a la soya estadounidense. Y el contraste más importante se ha producido el lunes, cuando Colombia, principal comprador de soya de Bolivia, concluyó sus negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y en consecuencia le abrió sus puertas para las oleaginosas. De inmediato los negocios se cerrarán en torno a la torta de soya y luego vendrá el resto de la cadena de oleaginosas.
La respuesta de los agricultores cruceños ha sido inmediata y contundente, afirmando que advirtieron de este peligro al Gobierno y que el 8 de febrero solicitaron una audiencia con el Presidente de la República, para expresarle que esta nueva situación significaría la pérdida de aproximadamente 170 millones de dólares anuales para el sector, en grano, en torta, y en aceite de soya. Pero, además, esto tendría un devastador efecto multiplicador en el empleo de mano de obra, ya que decenas de miles de productores y sus familias quedarían en una situación desesperada. "Si se cae el sector productivo, se cae el país", advirtió el presidente de la Asociación Nacional de Productores de Oleaginosas (Anapo).
Mientras tanto, el Primer Mandatario aseguró que se reunirá con el sector afectado para comunicarles de la reapertura del mercado venezolano y del interés de China en adquirir un millón de toneladas de soya. Parece una paradoja, pero lo cierto es que algunos de los asociados de la CAN, que tienen obligaciones pactadas entre sus miembros, han optado por adquirir oleaginosas a la potencia más grande del mundo, en desmedro de Bolivia, la economía más débil de Sudamérica.