Lagos dejará el poder en Chile entre loas y quejas Se elogia su talante, su defensa a ultranza del país y el que no apoyara a Estados Unidos en la guerra contra Irak. Desde ciertos sectores le critican por un apoyo insuficiente a los más desfavorecidos.
LUCES Y SOMBRAS • La figura de Ricardo Lagos ha estado acompañada de aciertos y desaciertos durante su legislatura.
Una de las virtudes que se le reconocen unánimemente a Ricardo Lagos es su liderazgo y capacidad para salir siempre airoso, además de su perseverancia y tenacidad ante todos los desafíos.
También se considera que tiene suerte. El 2003 crecían acusaciones de corrupción y de haber favorecido a parientes, pero no se comprobaron judicialmente, y justo después se inició un período de despegue económico y fuertes alzas de precios en las exportaciones chilenas.
Se benefició, además, de los sucesivos procesamientos de Augusto Pinochet, por lo que no debió convivir con un "poder detrás del poder" como ocurrió con sus dos antecesores, que recibieron agudas críticas por este motivo.
Aunque su tono es académico, igualmente ha evidenciado una faceta suelta, de cercanía con la gente y de humor, y proyecta una excelente imagen de padre protector, de esos que sacan las garras sin pensarlo si se trata de defender a sus hijos.
Se le recordará en Chile por su negativa de apoyar a Estados Unidos en su deseo de atacar a Irak el 2003 y por su fuerte respuesta al presidente boliviano Carlos Mesa, cuando éste le interpeló por una salida al mar en la Cumbre Iberoamericana del 2004.
La izquierda tradicional (marxista), sin embargo, acusa a Lagos de consolidar el modelo económico neoliberal de Pinochet.
Las críticas apuntan a que las nuevas carreteras y autopistas son de empresas privadas que cobran peajes y a que la educación superior y la salud, aunque sean entidades estatales, también incluyen ciertos pagos, de los que sólo se libran las personas extremadamente pobres.
Se le endilga no cumplir su lema de campaña "Crecer con igualdad", pues la quinta parte más rica de la sociedad chilena recibe el 56 por ciento del ingreso nacional, una de las peores distribuciones que hay en el mundo.
Otras quejas apuntan a que muchos de los ingresos fiscales vienen de impuestos a las ventas, que pagan por igual ricos y pobres, en tanto que grandes mineras e industriales apelan a resquicios.
Pese al excedente fiscal anual, unos 4.000 millones de dólares, subieron las contribuciones a miles de viviendas, incluidas las de la clase media y los jubilados.
Con todo, estas quejas serán historia cuando la también socialista Michelle Bachelet asuma el poder este domingo, después de un triunfo en las urnas que le convierte en la primera mujer en ocupar la presidencia en Chile.
Al cambio de mando asistirán importantes jefes de Estado de América Latina, entre ellos Evo Morales y Hugo Chávez, dos de los mandatarios que más titulares acaparan en los medios. Santiago, DPA