El dilema de los mercados Habrá que esforzarse por encontrar nuevos mercados para la producción nacional. Los negociadores bolivianos deberán ser muy hábiles para poder proponer tratados bilaterales a otros ofreciendo a cambio solamente el mercado boliviano.
La plena vigencia de la globalización ha lanzado a todos los países del mundo a una competencia —en algunos casos feroz— por buscar mercados para poder exportar sus bienes y servicios. Esta inercia nace del hecho de que no existen países autosuficientes y que todos necesitan del intercambio, lo que ayuda a la creación de riqueza y de empleos en el sector productivo mundial.
Para ese propósito pueden servir los bloques de países, como es el caso de la Unión Europea o, en la región, la Comunidad Andina de Naciones (CAN) y el Mercosur. También sirve para este fin el método de los tratados de libre comercio (TLC) que son acuerdos bilaterales entre países o bloques.
En este juego de intereses entrecruzados vale mucho la capacidad de consumo de cada país. Todos quieren hacer negocios con un país que consume mucho, pero pocos se interesan en los países con poca capacidad de consumo, además de tener poca población, como es el caso de Bolivia.
Por ello es que el país ha tenido tantas dificultades para mantener abiertos los mercados para sus productos en los países andinos que, comprometidos en un esfuerzo de integración subregional, se obligaron a comprar productos bolivianos con aranceles especiales o preferenciales.
Bolivia poco puede ofrecer a cambio, pues el mercado interno es reducido, en el que ni siquiera intervienen todos los habitantes, sino sólo una porción minoritaria, como se sabe por las estadísticas nacionales.
Otra desventaja que tiene el país es el alto costo del transporte dentro del territorio, con carreteras generalmente en mal estado, si no están cerradas por cuestiones políticas. A lo que se suma la enorme dificultad de que Bolivia no cuente con puertos marítimos de exportación propios y tenga que someterse a condiciones de flete, a veces humillantes de los países que lo separan del mar.
Estas dificultades deben ser compensadas con altos niveles de eficiencia y competitividad, como lo han entendido los empresarios nacionales que logran llegar con sus bienes o servicios hasta más allá de las fronteras.
El tema se ha presentado con dramatismo en los últimos días debido a la enorme posibilidad de que el país pierda el mercado colombiano para la producción de oleaginosas del departamento de Santa Cruz. Colombia quiere exportar sus productos a Estados Unidos dentro de un TLC y le ofrece a cambio abrir su propio mercado para las oleaginosas estadounidenses. Para lograrlo puede, y lo ha hecho, olvidar sus compromisos con el más pobre socio de la CAN.
Habrá, por lo tanto, que esforzarse por encontrar nuevos mercados para la producción nacional. Los negociadores bolivianos deberán ser muy hábiles para poder proponer tratados bilaterales a otros ofreciendo a cambio solamente el mercado boliviano.
No sólo habrá que industrializar y poner valor agregado a las materias primas que el país exporta, sino también a los productos agrícolas, para lo que se necesitará un fuerte esfuerzo financiero. Y para que eso ocurra, será preciso dar a los empresarios un clima de confianza que venga a reemplazar a la incertidumbre que ahora reina en el país, en particular para el sector productivo y para los inversionistas.