Algunas veces pocas por suerte, alguien me ha preguntado para quién escribo o a quién me dirijo y he contestado invariablemente, para nadie en particular y para muchos en singular. Se escribe acicateado por las ideas y sentimientos, por hechos y circunstancias que se vive o porque simplemente se desea expresar públicamente lo que se piensa o se sostiene sobre una determinado asunto o situación.
A veces se dispara a ciegas, se lanzan ideas, juicios de valor, sentencias y críticas sobre un determinado concepto. Como el labrador que siembra lanzando semillas al aire se escribe con la ilusión que las ideas encuentren terreno fértil y puedan germinar.
Otras por el contrario, se apunta específicamente hacia un determinado concepto, política o coyuntura. En este caso, el universo se reduce y hasta a veces se individualiza. El objetivo es al revés, de lo singular a lo plural, del individuo a lo general.
Como un cuadro un artículo tiene mil interpretaciones. Cada pintura o lienzo a los ojos de cada espectador genera diferentes reacciones, según el carácter y espíritu de cada individuo. De igual manera, cada lector reflexiona e interpreta en forma diferente las mismas frases o conceptos.
En realidad lo que se siente, tanto al mirar un cuadro como al leer un libro o artículo, depende del filtro de cada alma la cual, deja pasar lo que le es afín y rechaza lo que le incomoda y afecta. En otras palabras, si bien se lee de afuera para adentro, se entiende de adentro para afuera y por ello precisamente, existen pintores o escritores románticos para los románticos, dramáticos para los sentimentales puesto que en realidad, cada cual aprecia y valora lo que busca e interesa.
Decía Simón Rodrigues el gran maestro “lo que no se siente no se entiende y lo que no se entiende no interesa” de lo que podríamos deducir que, “lo que interesa es lo que se siente y por tanto lo que se entiende”. Todo ello para destacar que lo que se siente, lo que afecta o como se lee y se entiende, depende del individuo, del lector y que por lo tanto, el refrán “el que agarre el guante que se lo chante”, si bien tiene visos peyorativos encierra al final cuentas una gran verdad.
Dependiendo de su alma y valores cada uno ve, interpreta, siente o ama de una determinada manera. Por ello, cuando el lector se asimila al escritor o al pintor, almas gemelas se reconocen a la distancia o en el anonimato. Si se alientan y festejan son iguales o parecidas, si se rechazan e ignoran es que son diferentes y entonces, lo que una hace o piensa no se entiende, no se cree o no interesa.
Un sermón, un artículo, un lienzo o una melodía “toca” a cada ser en forma diferente, el cual reacciona en forma única y exclusiva como una huella digital. Por ello cuando se da en el blanco y alguien “agarra el guante” se produce en el sujeto aludido, una reacción inusitada, como si un rayo en cielo despejado lo hubiera alcanzado. Alguien se ha atrevido a desvestirlo y desenmascararlo.
De pronto se encuentra desnudo, la reacción que le produce involuntariamente lo delata y confiesa. Como una eruptiva aflora el hombre interior, aquel que no puede disfrazarse, juez incorruptible que nunca miente.
*Antonio Soruco es ingeniero.
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