La China tuvo un crecimiento económico promedio anual de 8,5 por ciento entre 1981 y 2000. Resultado de esa hazaña: la pobreza cayó en 42 puntos porcentuales en su población.
La América Latina, en cambio, tuvo una caída del PIB per cápita de 0,7 por ciento en los años ochentas y un crecimiento de solamente 1,5 por ciento en los noventas. Resultado: la pobreza no declinó.
El dato es un estudio del Banco Mundial y fue subrayado por la señora Pamela Cox, vicepresidenta de ese organismo para América Latina, que visitó Bolivia hace pocos días. El estudio fue hecho con pretensiones de alta precisión. Por ejemplo, estableció que si la pobreza cae en 10 por ciento y los otros indicadores permanecen iguales, la economía crece en 1 por ciento. En cambio, un crecimiento de 10 por ciento en los niveles de pobreza reduce la tasa de crecimiento en 1 por ciento, pero además reduce las inversiones en más de 8 por ciento. Esto último porque los pobres, que no tienen acceso al crédito y al seguro, no pueden tomar control de actividades rentables que generan inversión y crecimiento, en un círculo vicioso en el que el bajo crecimiento produce altos niveles de pobreza y éstos producen un bajo crecimiento.
¿Qué está pasando en la política de América Latina? Con estas cifras se entiende todo:
Las regiones pobres con deficiente infraestructura no atraen inversiones. Las familias pobres, ante niveles de educación muy bajos, invierten cada vez menos en la educación de sus hijos. Los países pobres, incapaces de reducir las altas disparidades en el ingreso de las personas, enfrentan tensiones sociales crecientes que, a su vez, impiden el surgimiento de un clima apto para las actividades económicas.
Según la publicación Latin American Newsletters, de Londres, donde trabajé durante cinco años y es muy seria, la situación de la disparidad de ingresos en América Latina es una de las más graves del mundo. Es la segunda región del mundo con mayor disparidad, después del África Sub Sahara.
En nuestra región, el diez por ciento más rico de la población se queda con 48 por ciento del ingreso, mientras que el diez por ciento más pobre sólo recibe 1,6 por ciento. En los países ricos, la diferencia entre esos dos niveles es que el primero recibe 29 por ciento y el segundo 2,5 por ciento. Si América Latina tuviera los niveles de disparidad de ingresos que tienen los países ricos, la tasa de pobreza sería de 5 por ciento y no de 25 por ciento como es ahora.
La pobreza en los países andinos creció de 25 a 31 por ciento en los últimos quince años. En el Cono Sur sudamericano bajó de 24 a 19 por ciento.
Pero hay otras cuentas pendientes. Los empleados del sector informal y los empresarios por cuenta propia representan entre 25 y 70 por ciento del empleo en la región. Las disparidades en los ingresos, por género, es decir cuánto ganan las mujeres respecto de los hombres, son terribles. Van de 12 por ciento en México hasta 47 por ciento en Brasil.
Ahora sí: Las disparidades de los ingresos son mayores todavía según la raza de las personas. La población originaria percibe entre 46 y 60 por ciento de lo que perciben los no originarios. Los mestizos y los mulatos, sólo reciben 50 por ciento de lo que perciben los blancos.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
Constituyente y bien común
Una vez más, los obispos de Bolivia cumplen con su misión orientadora. El documento episcopal titulado "Construyamos una Bolivia para todos.
Evo, el capitán
Lo de los terroristas enviados por los Estados Unidos no es mucho más que una choquehuanqueada de Su Excelencia,
Budú y Asamblea Constituyente
Agosto de 2007, Bolivia contará con una nueva Constitución Política del Estado pero seguirá siendo un país que no crece a más del 4 por ciento, sus niveles de productividad continuarán muy bajos,
La UE y América Latina: una alianza a favor de la equidad social
La Unión Europea y América Latina siempre han buscado a través de su diálogo político la constitución de alianzas basadas en elementos de encuentro entre ambas regiones y en compartir valores comunes.
Antonia y los cóndores
Todos los ingredientes de esa sopa salen de la huerta que esta anciana incombustible trabaja con esas manos llenas de nudos y callos que ella agita de tanto en tanto en medio de una risotada.