El ritmo sabe a Quirquiña “No, no me pidas perdón. Ya es muy tarde para que vuelvas”. Así canta Quirquiña, la banda que se escucha en las radios del país y que ha subido su cachet, tal la demanda que tiene.
Quirquiña. Hierba de Bolivia de gusto muy pronunciado. Ingrediente indispensable de la buena llajwa.
Mabel Franco, periodista
Uno enciende la radio, en La Paz, Oruro, Cochabamba, Santa Cruz..., y ahí están los Quirquiña y su Clausura. Omnipresentes como parecen por ahora, parece un imperativo hablar con el grupo, conocer a sus integrantes, su pasado y su futuro. “Hay que hablar con Ale Delius, el cantante”, sugieren todos. Pues manos a la obra, hay que marcar el número de celular. “Hoy es mi día de descanso, así que no pienso contestar. Llámame luego”, dice la grabación en el tono jovial y amable que, se confirmará luego, caracteriza a quien es también uno de los compositores de la banda.
Día de descanso o no, lo cierto es que Alejandro devuelve la llamada y la entrevista es posible en medio del ajetreo previo al viaje a Santa Cruz —esta semana será a Tarija y así, pura vida de artista—.
Primero, los antecedentes: el grupo nació como trío en 1998, entre estudiantes del colegio San Ignacio. De ese entonces quedan el bajista Reynaldo Castañón y el guitarrista Alejandro de Ugarte.
Delius —que hace música desde los 12 años, es decir hace 16— había cultivado su talento en grupos como los Go Go Blues y Son Fusion.
El encuentro de ambas vetas se dio hace tres años y medio, cuando los Quirquiña tenían grabado el disco Espermanente. Se presentó la oportunidad de un concierto en vivo y la voz cantante fue la de Ale.
Listo, la llajwa se había completado, aunque todavía iban a darse cambios, como de baterista, que hoy es Sergio de Ugarte, y saxofonista, actualmente Mateo Caballero.
Hay que recordar que antes, el año 2000, Quirquiña se presentó en el Equinoxrock y se ubicó en tercer lugar entre una treintena de bandas, ratificando el título de grupo revelación que había merecido antes, en el concurso Rock Intermusic.
Y listo. El pasado está escrito. El presente se muestra promisorio, con giras por el país, mucho trabajo en discotecas, el disco 2.5 que, editado en octubre del año pasado, rinde frutos de la talla de Reprisse y el ya citado Clausura.
Es también parte del presente el salto más allá de las fronteras. “La Internet ha hecho que nuestros temas lleguen antes que nosotros”, dice Delius, que cita México y Montevideo como un lugar donde Reprisse está entre los más escuchados. “No hay más que ver en google para confirmarlo”.
Sobre el estilo, los Quirquiña dicen practicar música disco actual, un punto de encuentro entre el rock pop y el pop electrónico. Así debe ser.
Como compositores, Delius y Alejandro de Ugarte son bastante activos. Si para el disco 2.5 —que tiene nueve temas había 50 posibilidades preseleccionadas—, para la nueva grabación, que saldrá para noviembre, hay 80 entre las que decidir.
¿Secretos del éxito? “Vivimos de esto. Es nuestro trabajo, no un hobby, y lo hacemos como cualquier persona que va a su oficina vestida adecuadamente para su tipo de labor, con disciplina, nada de bebida o drogas”, explica el vocalista.
En consecuencia, Quirquiña se maneja como una empresa, donde cada integrante tiene su misión y entre todos crean y cuidan una imagen. “Somos la única banda en Bolivia que se produce”, cuyos shows “cuidan esa imagen de manera profesional”.
Detrás de todo está la productora Mantra, de capital uruguayo-boliviano. La parte musical se traduce en Quirquiña, pero hay brazos que abarcan la producción de videos y manejo de bandas. El productor musical es Alejandro Delius y el gerente general, y manager del grupo, el uruguayo Martín Suárez.
Este último se encuentra en EEUU, estudiando las posibilidades de sonar allí. “Pero no sólo para la comunidad boliviana, sino para un público más diverso. Uruguay, Chile, Argentina, están en agenda.
La edad de los Quirquiña va de los 18 a los 28 años. Y todos “somos profesionales”, excepto Sergio que está a punto de salir del colegio.
Delius es politólogo, Mateo abogado, y Alejandro de Ugarte y Reynaldo son comunicadores sociales. “Aquí está nuestro respectivo hobby; estudiamos porque queríamos tener algo para desestresarnos de la música, nuestro verdadero trabajo”.
A propósito, todos estudiaron música, excepto el bajista que es autodidacta. Y la soltería los une por ahora.