Divertirse en El Alto puede ser peligroso Por un plato de comida no se paga más de Bs 6 y sólo Bs 4 por una jarra de coctel, claro que los locales donde se ofertan estos productos son insalubres y carecen de medidas de seguridad.
ABIERTOS A PLENA LUZ DEL DÍA • Ante la presencia del guardia municipal, tres mujeres tratan de salir del local sin olvidar la jarra de coctel. Sucedió el pasado martes, en la Ceja.
Una estrecha escalera comunica con todo un complejo de diversión, en el que se pueden hallar ambientes para el expendio de comida y bebidas, locales de baile con música en vivo o de amplificación, alojamientos y hasta damas de compañía.
Se trata de uno de los cientos de negocios de El Alto que ofertan estos placeres a bajos precios, pero a riesgo de pagar en otro sentido por ellos. Casi ninguno cumple con las mínimas condiciones de seguridad y salubridad.
Están ubicados en las avenidas Franco Valle, Tiwanaku y Jorge Carrasco, y en otras calles de la populosa Ceja, en edificios de varios pisos. La mayoría atiende durante las 24 horas del día.
En estos lugares es habitual observar anuncios que, literalmente, toman los espacios públicos con la oferta culinaria, desde las 9.00 hasta las 23.00.
Allí, jóvenes —hombres y mujeres— atraen a la clientela desde las puertas de cada inmueble anunciando el menú. Otros se encargan de limpiar las mesas desocupadas echando al piso los papeles sucios y residuos de los alimentos. Ante la orden de un comensal llega el pedido por el que se paga de Bs 5 a 6.
Mientras, en el piso superior suena la música a todo volumen, risas y, a veces, gritos de los parroquianos con los síntomas evidentes del alcohol en su cuerpo. Las jarras de coctel, por las que no se paga más de Bs 4, vienen llenas y se van vacías.
Según un censo reciente elaborado por la Oficina Comunal de Defensa del Consumidor (Ocdeco), 130 locales tienen sus papeles en regla y tributan al municipio, aunque se calcula que 800 funcionan de manera clandestina en la Ceja. El dato es proporcionado por el coronel Alfredo Palacios, ex responsable de esa unidad.
Para llegar a los salones de baile que, por lo general están ubicados en el primer y segundo nivel de los edificios, es preciso subir estrechas escaleras que conectan a un pasillo. En él se ven dos o más puertas detrás de las cuales se arman las fiestas durante las 24 horas del día.
La presidenta del Concejo Municipal alteño, Bertha Acarapi, explica que el reglamento de expendio de alimentos, bebidas alcohólicas y funcionamiento de lenocinios, establece, en su artículo 10, que la venta de alcohol está prohibida de 6.00 a 14.00, de lunes a viernes, hecho que no coincide con la realidad. Otra disposición que se ignora es la referida a que los locales deben estar ubicados al menos a 300 metros de distancia de los centros de salud y educación.
En un operativo realizado el reciente martes, la Ocdeco clausuró tres locales cercanos al colegio Juan Capriles, que atendían las 24 horas.
“El reglamento de la ordenanza debiera cumplirse al 100 por ciento, porque fue aprobado por los representantes de bares, discotecas, karaokes y locales”, argumenta Acarapi.
Al ingresar a la mayoría de estos locales es evidente la inseguridad, pues ninguno cuenta con extinguidores, la ventilación es escasa o nula y algunos parlantes están instalados en las ventanas para atraer clientela.
Otra estrategia que utilizan los empleados para conseguir parroquianos por las noches es regar alcohol en el piso y encender fuego, en tanto que una joven los anima a ingresar al lugar.
Las salidas de emergencia, establecidas en el reglamento, no existen. Eso explica, por ejemplo, que el pasado domingo fallecieran dos cholitas que fueron pisoteadas por unas 300 personas que trataban de huir de un gas químico, por la única escalera que conectaba a tres locales.
Sobre los centros de baile están los alojamientos que ofrecen habitaciones de menos de 3x2 m, a un costo de Bs 10 ó 20.
Además, durante la madrugada las pandillas pululan por estos sectores, cometiendo asaltos y provocando grescas callejeras.
Así, en medio de escasas condiciones de salubridad, sin medidas que garanticen la integridad física y expuestas a los antisociales, cientos de personas coquetean a diario con el peligro.
Muy poco pueden hacer el respecto los 14 efectivos de la Ocdeco, cuyo director, coronel Jorge Yankovic, que se cuenta entre uno de ellos, explica que sus 13 gendarmes deben controlar los mercados, el asentamiento de los gremiales en las calles y los locales de expendio de bebidas alcohólicas.