Bajo un cielo estrellado y a la luz de antorchas, el Papa Benedicto XVI dirigió ayer por primera vez el Vía Crucis en Roma, dedicado a resaltar la crisis de la familia, los vicios de la sociedad moderna y el hambre y la miseria mundial.
Decenas de miles de fieles asistieron a la procesión del Viernes Santo, en el Coliseo de Roma y alrededores, y acompañaron al Pontífice en el recorrido de las 14 estaciones que retratan la pasión y muerte de Jesucristo.
Las oraciones pronunciadas por el Sumo Pontífice en cada estación fueron redactadas por el vicario general de Roma, arzobispo Angelo Comastri. ´Señor Jesús, haz que termine el escándalo que divide al mundo en villas y barracas´, dice una de ellas.
Benedicto XVI, que llevaba una capa roja, portó la cruz en la primera y en la última estación del Vía Crucis. En las restantes, Joseph Ratzinger, fue ayudado por varios ´cirineos´: el cardenal vicario de Roma, una familia romana, un joven seminarista, una religiosa, una mexicana, dos frailes de la Custodia de Tierra Santa, una muchacha coreana, una religiosa, una joven de Angola y otra nigeriana.
Al término de la procesión, el Papa ofreció un breve discurso en el que se refirió al sufrimiento de los niños víctimas de abuso o abandono, las amenazas que se ciernen sobre la familia en la actualidad y las divisiones existentes en el mundo. Pero también resaltó la misericordia que Juan Pablo II ´enseñó a todos nosotros´. Roma, EFE-DPA
Reflexiones
Primera estación • ´El bienestar nos está deshumanizando, la diversión se ha convertido en una droga y la publicidad de esta sociedad es una invitación a morir en el egoísmo´.
Séptima • ´Colocarse en lugar de Dios es la arrogancia más tonta, la más peligrosa aventura´ (sobre ingeniería genética).