Se cumplieron tres meses del gobierno del MAS. En este lapso la población boliviana fue protagonista y testigo de: algunos éxitos mediáticos de la imagen del Presidente, dentro y fuera del país; huelgas, cinco huelgas nacionales; un acuerdo político que produjo la Ley Especial de Convocatoria a la Asamblea Constituyente y la de Convocatoria al Referendo sobre Autonomías Departamentales; cuatro conflictos regionales que involucran a los departamentos de Santa Cruz y Tarija; siete conflictos sectoriales; inicio de reconversión de la PTJ; secuestro de tres ministros en Puerto Suárez; contradicciones entre sectores sociales, como la pulseta entre la COB y el ´estado mayor del pueblo´, entre lo más destacado.
Por lo tanto, hay un Estado que sigue funcionando, una activa vida política, un plan de gobierno que no llega, una oposición que no ejerce, varios tránsfugas en ejercicio (los de siempre, y no es zamba); en fin, la realidad, terca y pertinaz, que se resiste a cambiar, aunque ahora cabalgue con otro potro.
Creer que un día, de repente, despertamos convertidos en gusano, como le ocurrió al personaje de La metamorfosis de Franz Kafka, es tan mágico como creer que un hada madrina nos puede transformar de cenicientas en esplendorosas princesas. Tan mágico, también, como creer que, en Bolivia, escaldados por los errores y horrores del sistema político, acosados por las demandas sociales sin tregua, con un Estado débil, enajenado y en crisis, practicantes de una cultura marcada por el autoritarismo y la discriminación y bendecidos por un gobierno con 54% de votación … aparezcamos en un escenario de decisiones políticas acertadas, demócratas perfectos, los recién llegados tenían un súper plan de gobierno, que las políticas públicas se cumplan, que resolvamos, en tres meses, las deudas que el Estado y la sociedad tienen con los pobres, que no haya ley que no se aplique, nos tratamos con tolerancia y sin racismo, y … colorín colorado, este cuento no se ha acabado.
No se acaba porque, como todo el mundo sabe, para obtener resultados hay que trabajar. Para cambiar un país se necesitan esfuerzos individuales y colectivos, sostenidos en el tiempo: autoridades eficientes y con propuestas, oposición crítica y con propuestas, y ciudadanía ejerciendo obligaciones y derechos. Es pensamiento mágico el que nos quiere hacer creer que el país cambiará de la noche a la mañana, olvidándose de nuestra historia y los pasos gigantescos que ha dado, tan grandes como el volumen de nuestros desafíos.
Hay malicia en quienes le exigen a un Gobierno nuevo, producto de la lucha sindical, de la interpelación social y de los desaciertos del sistema político, que arranque como si tuviera todo listo y resuelto (y lo exigen los mismos que fueron parte, con pena y sin gloria, de desastrosos
gobiernos pasados). Hay desproporción en las expectativas de quienes creen que ganar las elecciones y tener buenas intenciones resuelven los desafíos de manejar el Estado, relaciones internacionales y recursos para atender las deudas sociales.
Mala noticia: Harry Potter no está en el Palacio Quemado. Es más, no está en Bolivia. Nos toca a las y los bolivianos de todo color ponernos a trabajar.
*Carmen Beatriz Ruiz es comunicadora social.
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