Bolivia influyó en la cotización del petróleo Medios de comunicación y expertos internacionales han puesto dentro de la misma bolsa la medida decretada por el Gobierno, la agitación en África y el terrorismo en Oriente como causas de una crisis energética.
Agitación en África, terrorismo e insurgencia en el Medio Oriente, presiones de Rusia, el programa nuclear de Irán. A estas situaciones que aparecen como causantes de una crisis energética y de una incertidumbre mundial, expertos y medios de comunicación internacionales han sumado la nacionalización de los hidrocarburos decretada hace una semana por el gobierno de Evo Morales en Bolivia.
Una de las mayores preocupaciones de los últimos tiempos ha sido la actividad de Irán —el cuarto productor mundial de crudo y el segundo país más rico en reservas de gas natural— en torno al enriquecimiento de uranio. Y a ello se ha atribuido el alza constante de los precios del petróleo hasta alcanzar récords.
Pero un amplio espectro lóbrego se esparce como una gran mancha por otros puntos del mapa de la energía. “En África, la violencia asuela a Nigeria, Chad y Sudán. En el Medio Oriente, existe insurrección y terrorismo en Irán. Las tensiones étnicas y geopolíticas persisten en la región del Mar Caspio. El Gobierno de Rusia utiliza su poder energético con fines políticos. En Asia, disputas por los ricos recursos energéticos del Mar del Sur de China están agudizando las tensiones sino-japonesas”, señala una nota de Associated Press (AP).
Los estimados más conservadores indican que más de una cuarta parte de los 80 millones de barriles de crudo extraídos diariamente en el mundo proceden de regiones o países en los que la producción podría correr peligro. La situación es más alarmante con el gas natural: la mitad de la producción mundial podría verse afectada por conflictos.
Daniel Yergin, jefe de Cambridge Energy Research Associates, sostuvo ante un comité de la Cámara de Representantes de EEUU que el mercado mundial de petróleo “sobrelleva la amenaza de terrorismo, inestabilidad en algunas naciones exportadoras, brotes de nacionalismo, temores de que haya que sudar para conseguir el combustible, rivalidades geopolíticas y la necesidad básica de los países de disponer de energía para impulsar su crecimiento económico”.
En este contexto, si bien la nacionalización de los hidrocarburos bolivianos no tiene el potencial para desequilibrar el mercado, es considerada por los expertos como una “mala señal”.
Bolivia produce alrededor de 40.000 barriles de petróleo por día, una cantidad marginal a escala mundial. Además, no exporta crudo. En cambio, sus reservas de gas natural suman cerca de 1,55 billones de metros cúbicos y se constituyen en las segundas más grandes del continente, después de las de Venezuela.
“Bolivia es un pequeño productor de gas” a nivel mundial, pero la “decisión simbólica” de nacionalizar “tiene un efecto psicológico en el mercado de hidrocarburos”, declaró a la AFP Moncef Kaabi, responsable en París de materias primas para el banco de inversiones Ixis CIB.
Los operadores temen que la producción de hidrocarburos se vea afectada en otros países de Latinoamérica que ya han reforzado el control sobre el petróleo y el gas. Además de Bolivia, ocurrió en Venezuela y Ecuador, y podría seguir en Perú.