Las negociaciones podrían volverse muy difíciles y terminar en lo mismo que se tenía antes de la nacionalización o peor aún. El decreto de nacionalización de hidrocarburos lanzado el pasado 1ro. de mayo tiene que ser apenas el primer paso de un largo caminar hacia la maximización de ingresos y beneficios por este concepto tanto para el Estado como para todos los bolivianos.
Sin embargo dar los próximos pasos con valentía, decisión y pensando en lo que más le conviene al país, es bastante complicado no sólo por el riesgo de equivocarse y ser los pasos que entierren de por vida los hidrocarburos perdiendo así los ingresos y desarrollo que significan, sino también porque a nivel mundial estos energéticos están manejados por unas cuantas empresas que han conformado un cartel que monopoliza la exploración, producción y comercialización logrando así convertirlo en el negocio más lucrativo del planeta.
A esto se debe añadir que Petrobras es la principal empresa petrolífera que opera en Bolivia y que además de ser una de las empresas más grandes y poderosas del mundo, responde absolutamente a los intereses brasileros por ser una empresa estatal y por tanto se constituye en proveedor y comprador de nuestro gas al igual que Repsol-YPF que tiene capitales Argentino-Españoles.
Es por ello que para Bolivia debe ser prioritario romper el poder de negociación que tienen estas empresas y estos dos países para lo que debe buscar activamente nuevos contratos con nuevas empresas para que inviertan, exploren y sobre todo certifiquen nuevos pozos gasíferos que además puedan ser comercializados en nuevos mercados.
Con esto, se estaría neutralizando la extorsión y condicionamientos que las petroleras están tratando de imponer ya que se demostraría que pese a las nuevas reglas y la “nacionalización”, el negocio sigue siendo atractivo y hay otras empresas interesadas en tomar el lugar que ellos ocupan.
También es importante romper el monopolio que ejercen Brasil y Argentina como únicos demandantes reales de nuestro gas, abriéndonos al mercado chileno. Esto, además de incrementar nuestras posibilidades de vender gas, liberaría el precio ya que nuestro vecino está dispuesto a pagar mejores precios y esto nos da un mejor poder de negociación con los otros dos países.
En caso de no hacerse nada para disminuir el poder que ejercen Brasil y Argentina y sus compañías petroleras sobre nuestro gas, entonces las negociaciones podrían volverse muy difíciles y terminar en lo mismo que se tenía antes de la nacionalización o peor aún, que no vendamos a nadie nuestro gas y se quede como el litio formando parte de ese gran trono de oro sobre el que estamos sentados como mendigos.
*Carlos Laguna es especialista en competitividad.
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