La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, pidió a los gobernantes y periodistas europeos no “demonizar” a Bolivia y Venezuela porque, según dijo, ese comportamiento pertenecía a la época de la guerra fría. Época que es cosa del pasado.
Sin embargo, en las últimas semanas han surgido elementos para sospechar que la guerra fría ha comenzado a mostrar sus narices por la región, otra vez. Se sabe, por lo menos, que hay ahora, de vuelta, 10.000 agentes de la CIA operando en América Latina.
Sus antecesores se habían ido de la región cuando terminó de desmoronarse el muro de Berlín y con él la Unión Soviética y su sistema de satélites. El peligro rojo había desaparecido. El mundo había llegado a un sistema unipolar, parecido a la unanimidad. Algunos se atrevieron a decir que estábamos ante el “fin de la historia”.
Pero algún error cometieron los conductores del sistema. Algunas torpezas.
Lo cierto es que, con causas nuevas o antiguas, en nuestros países han reaparecido corrientes políticas que han ido resquebrajando el edificio de la unanimidad ideológica. Y vuelven los 10.000 agentes. No los mismos, por supuesto, que los anteriores estarán jubilados, pero son 10.000.
Al sistema impuesto en la región habrá que juzgarlo por sus resultados, o por sus frutos, como decía el famoso palestino. El año pasado, América Latina tuvo un crecimiento económico promedio inferior al de los países del África subsahara.
Sólo esta cifra sirve para comprender que estén apareciendo en la región gobiernos que molestan a la unanimidad lograda con tanto trabajo, pero sobre todo con tanta sangre, además de mucho desprestigio de los militares latinoamericanos que se prestaron a hacer los trabajos sucios.
La importancia de la región en la economía mundial no ha hecho otra cosa que disminuir, según las cifras que maneja el BID. Las exportaciones latinoamericanas son de materias primas y sirven para alimentar el desarrollo económico e industrial de regiones hasta hace poco muy deprimidas, como la china.
La explicación de este retorno a la guerra fría está también en las cifras sobre la pobreza. América Latina es la región del mundo donde se concentran los mayores desbalances, los abismos más grandes entre los ingresos de los más ricos y los más pobres. Los pueblos originarios no participan en las economías sino como prestadores de mano de obra muy, pero muy barata.
Un sistema así tenía que hacer agua. Tan mal administrado es el sistema desde la metrópoli y desde sus agentes locales, que los resultados de su gestión son un regalo para quienes proponen vías alternativas.
La indignación con que actúa el presidente Evo Morales en los foros internacionales, sin tomar en cuenta elementales normas de conducta, parecen torpes, salvo que se las compare con la torpeza que comete el sistema con la gente a la que él representa.
La guerra fría está de vuelta. ¿Queremos otra prueba? Rubén Darío Bernal declaró hace pocos días en Asunción (diario ABC), a propósito del caso de secuestro y muerte de Cecilia Cuba, que las FARC de Colombia y “guerrilleros bolivianos” entrenan a terroristas paraguayos.
Con esta noticia no hacía falta decir que la CIA está de regreso. Eso sí, se nota que sus métodos no han cambiado.
*Humberto Vacaflor G. es periodista.
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