La Razón ya se adelantó a señalar como un error histórico lo dicho por el presidente Evo Morales en Europa, en sentido de que “el Acre lo cambiaron por un caballo”. Se supone que fueron los “oligarcas”, los mismos que cuando un indígena aprendía a leer lo dejaban ciego y cuando aprendía a escribir le cortaban las manos, como afirma, una y otra vez, en la televisión, el Jefe de Estado. Lo primero es una leyenda equivocada; lo segundo una atrocidad falsa. Pero en estas épocas vivimos de embustes inauditos que buscan con ahínco el odio y la separación de los bolivianos.
El Acre se perdió luego de una guerra con Brasil —como sabemos todos— cuando el presidente Pando combatió sacrificadamente en defensa del territorio nacional, como lo hizo don Nicolás Suárez, el empresario gomero cruceño, con su columna Porvenir. Una guerra tan desproporcionada sólo podía terminar en una derrota, como aconteció en efecto. Vino el Tratado de Petrópolis y Bolivia tuvo que ceder el Acre por una compensación de dos millones de libras esterlinas y el compromiso brasileño de construir un ferrocarril en la zona próxima a las hostilidades. Nadie gritó en el Acre: “¡Mi reino por un caballo!”, como en el drama de Shakespeare sobre Ricardo III.
Lo del caballo, entonces, no fue obsequio de Brasil. Más bien fue, como afirman algunos historiadores, el plenipotenciario chileno en La Paz, Vergara Albano, quien le regaló a Mariano Melgarejo el famoso Holofernes, caballo al que también le endilgan haber sido borracho porque bebía la cerveza que le daba su amo. Otra fábula por cierto. Se dice, asimismo, que Melgarejo firmó el tratado de 1866 con Chile —no tan malo al criterio del ilustre historiador Roberto Querejazu Calvo— porque los chilenos lo hicieron General de su Ejército. Pero resulta que ese país no sólo distinguió al feroz caudillo boliviano con ese alto rango, sino, también, contemporáneamente, a los presidentes de Perú y Ecuador, porque habían participado solidariamente en las escaramuzas que se produjeron contra España a raíz del incidente en las islas Chinchas.
Si el Presidente de la República afirma públicamente que a Bolivia le quitaron el Acre a cambio de un caballo, no sólo está demostrando un supino desconocimiento de la historia nacional, sino que envía un mensaje falso al pueblo de Bolivia, que, crédulo de las anécdotas, estará ya repitiendo esa historieta de que perdimos todo un rico territorio a cambio de un caballo vicioso a la cerveza.
Hay que volver a insistir en que el Presidente no debe viajar desguarnecido de un par de buenos asesores, menos todavía cuando se trata de una gira como la actual. Y si el Presidente habla, que no se salga de su libreto de jefe sindicalista que conoce bien, y quiera incursionar en temas históricos de una República a la que él mismo niega pertenecer.
*Manfredo Kempff es escritor y diplomático.
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