Medidas para una ciudad ordenada La Paz tiene suficiente con un tráfico infernal de conductores y peatones que desconocen normas de tránsito y con protestas callejeras diarias, como para seguir soportando que los puestos callejeros invadan más áreas públicas en la ciudad.
El crecimiento de la economía terciaria es producto de la crisis de desempleo que vive el país hace más de 20 años. Los cambios estructurales en Bolivia produjeron, al margen de las medidas conocidas, grandes bolsones de desempleados que en busca de ingresos económicos o una ocupación comenzaron a conformar inmensos batallones de comerciantes, en prácticamente todo el país.
El problema de las ingentes cantidades de comerciantes gremialistas es para la ciudad de La Paz, en particular, un asunto de características sociales complejas y una enorme dificultad urbana, que amenaza con rebasar la capacidad de la urbe.
Se dice que es un problema social, porque de dichas fuentes de ingresos dependen miles de familias que indudablemente generan un movimiento económico interesante y se afirma que es un tema urbano delicado porque este fenómeno prácticamente ha abarrotado la ciudad, al grado de la asfixia.
Los comerciantes minoristas, agremiados en más de 40 sindicatos, están por todos lados. Y no es una exageración decir que han tomado la ciudad y se han apoderado de las calles, las veredas, de los paseos, de los bulevares, de las plazas y demás.
Ante este espectáculo de comercio, más de algún visitante no dudó en asegurar que La Paz —o por lo menos su centro urbano— se había convertido en un gran mercado persa, repleto de toldos y puestos de venta callejeros ubicados en el piso, en las esquinas y a cada paso, donde la gente debe transitar esquivando todo el embrollo o debe ir a empellones entre el gentío.
La Alcaldía de La Paz, en una política acertada y en vista de todo lo descrito, ha iniciado un proceso de reubicación de gremialistas. Entiéndase bien el término reubicar. Es decir, trasladar de un sitio a otro. En ese sentido, no se trata de terminar con el comercio gremial ni con quitar fuentes de ingresos a las familias que se dedican a ello, pero sí se de poner punto final al desorden que provocan éstas en la ciudad.
Para ello, la comuna ha previsto un lugar específico de ubicación de los comerciantes, con anaqueles y quioscos nuevos. Sin embargo, los sindicatos, a plan de protestas y medidas de presión como la huelga de hambre, intentan mantener sus puestos de venta en los lugares habituales, bajo el argumento de que con la reubicación bajarán las ventas y, por ende, se perderá el negocio.
Sin embargo, esa justificación es falsa. Y así fue comprobado cuando la Subalcaldía de la zona Sur implantó la misma medida en la calle 21 de Calacoto, trasladando a los comerciantes a la calle Pankara. Dos cosas importantes sucedieron con la reubicación: primero, las ventas no disminuyeron y, por el contrario, aumentaron; y segundo, el orden impera en el área comercial de la zona residencial más importante de la ciudad.
¿Qué se pretende con el reordenamiento? Claro está, que la ciudad luzca más limpia, mejor presentada y menos caótica.
La Paz tiene suficiente con un tráfico infernal de conductores y peatones que desconocen normas de tránsito y con protestas callejeras diarias, como para seguir soportando que los puestos callejeros invadan más áreas públicas, disminuyendo las veredas y las calles a su mínima expresión y alentando, con ello, la inseguridad. En este proceso de cambio, el ciudadano también juega su parte y se deberá acomodar a las nuevas reglas.