Comienza la historia del Mutún El desarrollo del Mutún se perfila como un hecho mucho más trascendental que la instalación de una industria del hierro y del acero, sino como un polo cuya fuerza se sentirá en todo el territorio nacional y en la generación de empleo y de riqueza.
Con mucha demora incluso respecto de países de la región, Bolivia acaba de dar los primeros pasos para su ingreso en la era siderúrgica. La industria de industrias, como es llamada la siderurgia en el mundo, tendría que dar un fuerte impulso a la economía nacional.
La adjudicación de la explotación del yacimiento del Mutún, ubicado en la provincia Germán Busch del departamento de Santa Cruz, en el extremo sur-este del territorio nacional, se produjo finalmente. El trámite fue nervioso, dada la impaciencia de los pueblos ubicados en esa región, que estuvieron esperando durante 40 años que se tome esta determinación.
El momento ha llegado a ocho años de la existencia del gasoducto Río Grande-Puerto Suárez, que pasa por la zona y permite la operación de venta de gas a Brasil. Era el factor que faltaba, pues la siderurgia utiliza mucha energía en todas sus etapas. Usar carbón vegetal, como era la alternativa, es algo que las leyes de protección del medio ambiente prohíben terminantemente.
Ya en 1974, cuando se suscribieron los acuerdos Banzer-Geisel, se mencionó que como efecto de la instalación del gasoducto comenzaría también la explotación del hierro de la zona. Ahora, el gasoducto tiene otro punto de consumo de gas al que tiene que atender en el mercado interno.
La empresa de origen indio que se adjudicó la licitación, Jindal Steel & Power Limited, se ha comprometido a invertir 2.300 millones de dólares, el monto más alto que se haya volcado hasta ahora en la historia del país para un solo proyecto.
Surge, finalmente, en la zona del Mutún el tan anunciado "polo de desarrollo", que atraerá cientos de otras actividades. Es cierto, las primeras veces que se habló de dicho polo se mencionó la posibilidad de instalar en la zona, además de la actividad siderúrgica, plantas petroquímicas que ahora, dado el distanciamiento en las relaciones con Brasil, están descartadas.
De todos modos, es tan grande el impacto de la siderurgia que impulsará otras actividades económicas que harán de la zona el núcleo más pujante de la economía nacional. Para comenzar, será preciso avanzar sin más dudas en la construcción de Puerto Busch. Ese objetivo es ahora impostergable, pues hace falta asegurar el tránsito de los productos hacia la hidrovía Paraguay-Paraná sin pasar, como ocurre ahora, por territorio brasileño.
El solo anuncio de que comenzará la explotación del Mutún es una inyección que movilizará a las empresas vinculadas con el transporte ferroviario y el carretero. Toda la producción del complejo siderúrgico deberá salir al mercado nacional e internacional por vías expeditas. El desarrollo del Mutún se perfila como un hecho mucho más trascendental que la instalación de una industria del hierro y del acero, sino como un polo cuya fuerza se sentirá en todo el territorio nacional.
Será oportuno que las autoridades de la zona tomen previsiones para el crecimiento urbanístico, a fin de evitar congestionamientos desordenados de los miles de bolivianos que se trasladarán a la zona en busca de trabajo y progreso.
Ha surgido en el extremo sur- este del territorio nacional un factor de progreso que podría cambiar la historia del país. Por el momento, ha tenido la virtud de eclipsar a las noticias del gas natural. Y eso ya es en extremo bueno.