En julio comienza a operar la nueva banca de fomento Dan la bienvenida a la competencia, pero esperan que el dinero no sea subvencionado. Advierten algunos peligros latentes cuando el Estado se convierte en prestamista. Piden no “contaminar el sistema”. Admiten que sus tasas de interés son altas.
La Asociación de Entidades Financieras Especializadas en Microfinanzas (Asofin) no le teme a la competencia, pero espera que la banca de fomento del Gobierno no modifique el sistema que ha costado crear para fortalecer el microcrédito en el país.
Para estas entidades financieras, es importante que el dinero destinado al microcrédito no sea subvencionado y que los prestatarios garanticen la devolución de lo prestado. “No tenemos temor a la competencia. El Gobierno tiene derecho a realizar su plan, que asegura está enfocado principalmente al pequeño productor, más que al microproductor”, afirma el secretario Ejecutivo de Asofin, Fernando Prado.
El Poder Ejecutivo anunció que, desde el mes de julio, la banca de fomento empezará a entregar créditos a los micro, pequeños y medianos productores a una tasa anual del 4%. El término banca de fomento o banca de desarrollo hace referencia a los servicios que presta el Estado en determinadas áreas productivas, pero a través de instituciones financieras.
Percy Áñez, representante de la banca, al ser consultado sobre la oferta de crédito que propone el Ejecutivo, opina que no hay problema con la competencia, siempre y cuando no sea desleal.
“No habrá ningún problema si es que ese dinero no es subvencionado. Si hay subsidio, no funciona”, enfatiza el presidente de la Asociación de Bancos Santa Cruz.
Fernando Prado coincide con Áñez y señala que lo importante es responder al cliente que deposita su dinero. “Nosotros no recibimos plata subvencionada, nosotros tenemos plata que captamos del público”.
De acuerdo con las fuentes consultadas, la tasa de interés sube para el microcrédito por la exigencia de verificar, a detalle, que el solicitante de un préstamo puede pagarlo. “Yo tengo que ir a evaluar qué está haciendo esta persona, ver si es cumplida; eso es carísimo. Ese costo no refleja el costo de fondeo, el costo que yo me llevo de utilidades”, argumenta Prado.
Si bien reconoce que la tasa de interés para este tipo de créditos es alta —se sitúa en cerca del 21%—, el ejecutivo de Asofin también aclara que es la más baja de América Latina. “Cuando empezamos, la tasa era del 70%, y todos estos años hemos bajado a punta de eficiencia, a punta de introducción de tecnología”.
Otra de las preocupaciones de Asofin es lo que llaman cambio de tecnología, que implica las garantías de los prestatarios para devolver el dinero que se prestaron de las instituciones financieras. “Nosotros trabajamos con gente que no tiene garantías, que es relativamente pobre. Es decir que, en vez de la garantía, lo que hay que hacer es una evaluación muy profunda de lo que hace cada productor: cómo trabaja, cómo produce y, sobre todo, cómo vende; pero principalmente, si tiene ingresos y si puede pagar un crédito”, explica Prado.
Asofin tiene 460 mil ahorristas y 320 mil clientes de préstamos. Por esto, es importante para la asociación asegurar que los prestatarios cumplan con el pago de sus créditos, de tal forma de responder a los depositantes.
Según los entendidos en la materia, en el microcrédito siempre ronda el peligro de que la persona que se presta y después no genera recursos termina no pagando y queda de deudora morosa. "Así se contamina todo el mercado”, explica el Secretario General de Asofin.
Otro riesgo latente para el sector es que si el Estado presta y la gente no tiene garantías, viene el perdón de la deuda. Entonces, “con toda razón, mis clientes nos dirán: 'Miren, a ellos les han perdonado y a mí también me tienen que perdonar". Así también se genera la "contaminación" del sistema de las microfinanzas.