La reunión cumbre de la CAN en Quito Corresponde esperar que en medio de este cuadro poco esperanzador, la posible asociación comercial, política y de cooperación con la Unión Europea se convierta en un factor decisivo para conservar la integridad de la CAN.
La reunión cumbre de la Comunidad Andina de Naciones (CAN), realizada en Quito, Ecuador, ha terminado con una cierta sensación de incertidumbre, pese a que la declaración emitida por los presidentes sostiene que los principios y objetivos de la integración andina tienen plena vigencia.
Si bien puede haber la buena voluntad de persistir en la integración subregional, incluso de fortalecerla, no deja de preocupar que en el seno de la Comunidad Andina hayan surgido nuevas dificultades y al parecer contraposiciones, las que a la postre pueden ser determinantes.
Esto se puso de manifiesto en la víspera de la reunión presidencial, cuando los cancilleres tuvieron que hacer esfuerzos extremos para armonizar las bases del encuentro de los mandatarios. Las dificultades volvieron a ser evidentes el día mismo de la cumbre, lo que hizo que su apertura demorara cinco horas.
Todo ello significa que en la CAN se han puesto en juego factores proclives al conflicto, antes que la compactación de sus filas. La salida de Venezuela reduce significativamente sus expectativas, puesto que se trata de un buen comprador para los productos de los demás países del grupo.
La causa de ese retiro —justificado o no— tiene que ver con el hecho de que Colombia y Perú han suscrito Tratados de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos. Esta circunstancia pesará mucho en el futuro de la CAN. No habrá ya la misma sintonía entre los cuatro países que han quedado en el grupo: Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú.
En todo caso, más adelante tendrán que dedicarse grandes desvelos para conservar la integridad del grupo, acerca de cuya trascendencia histórica no caben dudas. Colombia y Perú deberán conciliar sus conveniencias entre los TLC y la CAN, aunque entre ambos mecanismos existen diferencias obvias. A su vez, Bolivia y eventualmente Ecuador, si acaso desiste definitivamente de suscribir el TLC que se intentó negociar con Estados Unidos, pasarán a ser los socios menores dentro del organismo andino.
A esa situación se agregarán las disonancias que se introduzca en la CAN producto del discurso ideológico y de franca pugnacidad con los TLC, en contraposición a las determinaciones comerciales de otros miembros. El Mandatario boliviano, al posesionarse como presidente temporal del mecanismo de integración, sostuvo que la crisis que confronta la CAN se debe más al interés de cada país y no al de todos.
Corresponde esperar que en medio de este cuadro poco esperanzador, la posible asociación comercial, política y de cooperación con la Unión Europea se convierta en un factor decisivo para conservar la integridad de la CAN. Se abrirían nuevas posibilidades para el grupo, aparte de que exigirá a todos el compromiso de asumir las responsabilidades del caso.
En cuanto a la carta de los cuatro presidentes al Mandatario de los Estados Unidos, pidiéndole que se prorrogue la duración de las preferencias arancelarias (ATPDEA), sólo queda hacer votos para que tenga buena acogida, así como pronta y positiva respuesta. De lo contrario, Bolivia, en particular, se verá en serios aprietos, cuando fenezca su vigencia, que será el 31 de diciembre próximo. Estarán en juego 80.000 puestos de trabajo y millones de dólares en inversión.