En un país donde los ministros podían ingresar hasta las bóvedas del Banco Central y llevarse la plata en maletas, donde cuando hay, “vacación judicial” no se puede detener a nadie y, casualmente, uno de los que se negaron a presentarse ante la Justicia no fue encontrado y puede pasearse por las calles mientras los trabajadores a los que él les debe seis meses de sueldo hacen ollas populares para poder comer. En fin, en un país donde cada quien cree que puede hacer lo que le da la gana, en ese país todavía hay acciones que nos dan cierta esperanza.
Por ejemplo, en la comunidad de Chissi (voz aymara que quiere decir helada) a orillas del lago Titicaca, los pobladores han encontrado ruinas prehispánicas y mientras los investigadores puedan valuar cuán importantes son, ya han diseñado una ingeniosa manera de aumentar los recursos de la comunidad.
Se trata de “turismo escolar”, es decir, promocionar entre los colegios paceños y alteños la visita al lago Titicaca, al pueblo de Chissi y a las ruinas arqueológicas. Una manera inteligente de incentivar que los bolivianos conozcamos lo nuestro. Y que ese amor por lo boliviano comience desde la niñez.
Pero, además, hay otro factor de gran importancia. Como dicen los dirigentes, hay que hacer que nuestros hijos se encuentren con los niños de la ciudad y de otras partes del campo. Y tienen toda la razón, finalmente somos nosotros en nuestra relación con los otros.
De manera que se utiliza el pasado precolombino para que se conozca el presente y se potencie el futuro. Ni duda cabe que esos dirigentes la tienen clara. Y no están esperando que el Estado les ayude a construir las cabañas para alojar a los visitantes ni la plataforma de llegada, ni nada. No están exigiendo ítem porque creen que el Gobierno tiene la obligación de contratarlos, no están estirando la mano. Ofrecen construir con sus propias manos y utilizando material local. Un esfuerzo que alabo.
De igual manera pondero iniciativas como la de Soboce de publicar las rutas turísticas bolivianas para que los hijos e hijas de estas hermosas tierras pensemos en conocer lo nuestro antes que soñar con ir al exterior.
En el turismo está una de las palancas para el desarrollo nacional, no me canso de repetirlo y tampoco creo haber inventado la pólvora. Ahora, que no hay en el horizonte bloqueos nacionales, hay que promocionar allende de los mares los destinos bolivianos. Algo se hizo en el pasado, por ejemplo, con Uyuni y las Misiones Jesuíticas de Chiquitos. Pero en nuestro país hay tantas otras maravillas que podríamos llenar páginas de páginas mostrando lo nuestro y aún así nos faltaría.
Y en esta labor deben ayudar los medios de comunicación que deberían promocionar al país y a su pensamiento en vez de mostrar a Tinelli y otros subproductos para minusválidos mentales. No es que nada se haga, por ejemplo, La Razón puso su granito de arena con la publicación de las Rutas Soboce, pero hay que ir más lejos, hay que llegar a la Bolivia profunda (como la llamaría José María Arguedas) y luego traer esta hasta el hogar de cada uno de los bolivianos.
Y mientras soñamos esto, pensemos que algún día los delincuentes de cuello blanco y uñas largas terminarán en Chonchocoro donde debería haber un pabellón especial para los que roban al Estado, que ojalá fuese el sitio más poblado.
*Jaime Iturri Salmón es periodista.
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