La consulta más democrática Llegó la hora de las definiciones trascendentales. Cuando se depositen hoy los votos, en las miles de urnas que estarán abiertas en el territorio nacional, que se constituyan en un gesto conciencial del más puro sentimiento patriótico.
Sin incurrir en exageración, bien puede decirse que los bolivianos concurren hoy a las urnas a la consulta más democrática que se les puede hacer para integrar una Asamblea Constituyente y pronunciarse sobre el Referéndum Autonómico. En ambos casos, se pudo tomar decisiones congresales y no siempre recurrir a auscultar la conciencia de la ciudadanía. Las elecciones por lo general son para designar mandatarios, en cambio esta vez es para realizar un acto democrático por excelencia, para elegir a los que elaborarán una nueva Constitución y para captar el sentir popular sobre las autonomías departamentales. Dos hechos trascendentales.
La consulta, sin embargo, se hace en medio de crispaciones que no debían haber ocurrido. El hecho es que la convivencia pacífica de los bolivianos ha sido alterada sin un justificativo pleno. A este extremo se ha llegado por el afán, no siempre legítimo, de tomar ventajas por los caminos de la confrontación. Se ha privilegiado la animadversión, en vez de exponer, sin insultos ni odios, las propuestas que se tenían en uno y otro caso.
La elección de los miembros de la Asamblea Constituyente debe estar revestida de la máxima importancia. Se ha dicho, con bastante justificativo, que ésta puede ser similar a aquella que dio nacimiento a la República. Se trata, entonces, de un acontecimiento histórico que requiere ser investido de mucha madurez. Del voto que se emita hoy dependerá que la Asamblea reúna la autoridad y la competencia suficientes para dotar a Bolivia de un nuevo pacto social, con miras a mejorar la cohabitación entre los hijos de esta tierra.
Aunque todavía subsisten los cuestionamientos a la conveniencia de realizar una Asamblea Constituyente, por considerarse que la actual Carta Magna responde holgadamente a los requerimientos de este tiempo, después de haberle insertado muchas enmiendas y previsiones nuevas, lo real es que se está en los umbrales de una toma de decisiones sobre ella. Si es así, que todo sea para bien de la salud y el bienestar de la patria. La palabra la tiene el ciudadano, protagonista de la votación y la consulta.
Sin duda, el tema más sensible es el Referéndum Autonómico. En su entorno surgieron muchas controversias, apasionamientos y, peor aún, confusiones. Tal estado de ánimo ha llegado al punto en que hoy muy bien puede estar en juego el futuro de la República. Ese es, por tanto, su significado y magnitud.
Corresponde esperar que los pronunciamientos que se emitan entrañen mucha, muchísima responsabilidad. Tendrían que estar más allá de las simples y elementales reacciones hormonales o regionales. La demanda que se le plantea al ciudadano, en estas delicadas circunstancias, es que actúe, por sobre todo, con la mayor lucidez y racionalidad posibles.
Llegó la hora de las definiciones trascendentales. Cuando se depositen hoy los votos, en las miles de urnas que estarán abiertas en el territorio nacional, que se constituyan en un gesto conciencial del más puro sentimiento patriótico, más allá de las rivalidades momentáneas e incluso de las consignas efímeras del partidismo. Se ha expresado siempre que la patria es eterna, a esa eternidad es a la que hay que coadyuvar hoy. El mandato que dejó Sucre es precautelar, por sobre todas las cosas, la integridad de la nación. Que así sea.