La victoria del MAS era previsible como era previsible el descenso de votación de Podemos y de UN. No solamente por las eficaces acciones emprendidas por el gobierno en su gestión y la inocua labor de las fuerzas opositoras sino, también, por la personalización de las campañas en los jefes, por el arraigo electoral y por la fuerza organizativa de sus partidos, donde se destaca el carácter nacional de la vigencia del MAS. En otras palabras, las estrategias de campaña no influyeron en la orientación del voto como para provocar un lazo representativo basado en propuestas de reforma constitucional o en el peso específico de los candidatos uninominales.
También era previsible la incidencia de la fórmula establecida para convertir votos en “curules” porque beneficia a las minorías; por ello, a las cuatro fuerzas con representación parlamentaria se suman otras 10 agrupaciones con escasa votación pero decisivas a la hora de definir los consensos exigidos por la necesidad de dos tercios para la aprobación del nuevo texto constitucional. Como es impensable un acuerdo constituyente entre Podemos y MAS la conducta de las restantes agrupaciones adquiere una importancia mayor. Más aún si los diversos tópicos de la reforma constitucional exigirán diversos alineamientos del voto de acuerdo a los temas de la agenda constituyente propiciando una necesaria y deseable deliberación, ajena a la formación de bloques estables y monolíticos.
Con todo, existen más convergencias que divergencias aunque un tema —las autonomías— puede provocar una fisura capaz de complicar el tratamiento de las diversas reformas. Cuando menciono que existe una divergencia crucial me refiero al contenido de la propuesta del MAS que incorpora otras modalidades de autonomía territorial que, en algún caso, se contraponen a las autonomías departamentales y que están en el fondo de la motivación de la campaña masista por el No. Esto exige evaluar el referéndum porque ahí están las pistas del curso del debate constituyente. Evitando una lectura meramente descriptiva (qué muestra la geografía electoral) o simplemente tacticista (qué pretenden los actores políticos) me interesa incidir en un asunto que es, a mi juicio, el asunto central: la capacidad de despliegue hegemónico del proyecto político del MAS. Como se sabe, no existen actores hegemónicos sino proyectos hegemónicos, y el del MAS es el único proyecto político con capacidad hegemónica, esto es, susceptible de articular y resolver los diversos clivajes en un proyecto nacional. Precisamente, la victoria del No en el referéndum y la postura del MAS respecto a las autonomías problematiza la posibilidad de articular las demandas cívico-regionales del oriente y del sur en el proyecto del MAS debilitando su capacidad hegemónica porque es obvio que no es viable un proyecto nacional sin Santa Cruz ni Tarija.
Por eso, la discusión jurídica respecto a la “vinculatoriedad” del referéndum es superflua porque el tema de fondo es otro. El tema es que la principal fuerza política apostó al No para establecer otra agenda en el debate constituyente respecto a las autonomías territoriales que incluye otras modalidades complementarias o alternativas a las autonomías departamentales: regionales e indígenas. A mi juicio, se trata de una indefinición en el proyecto del MAS que oscila entre la contraposición y la combinación de las autonomías departamentales e indígenas (estoy obviando las autonomías regionales o las provinciales que, de vez en cuando, son planteadas para complicar las cosas). Y creo que este es el punto central para clarificar el debate constituyente.
*Fernando Mayorga es sociólogo.
Wikipedia
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