En cuanto a pasar del discurso a la acción, el Informe dice que implica reconocer las lecciones del pasado y proponer pasos que encaminen la política pública actual. Las recetas están dadas, lo que falta ahora es aplicarlas enhorabuena para las generaciones.
El tema de la niñez y de la adolescencia es cada vez más atingente, en la medida en que se afinan los diagnósticos, se acumulan las experiencias y se tornan más exhaustivos los análisis. Un compendio de todo ello tiende a ser el Informe preparado en Bolivia por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo sobre niños, niñas y adolescentes.
El voluminoso documento parte del hecho de que Bolivia es un país de niños, niñas y adolescentes. Más de cuatro millones de sus aproximadamente 9,4 millones de habitantes son menores de edad. Esta circunstancia plantea al país tanto un reto como una oportunidad valiosa.
De un lado, el reto de comprender qué significa “ser niño” en la diversidad, sin perder de vista la necesidad de construir oportunidades iguales para todos ellos, independientemente de su lugar de residencia, su identidad étnico-cultural o su clase social. De otro lado, la oportunidad de construir las capacidades, respetar los derechos y ampliar las perspectivas de una generación de bolivianas y bolivianos nacidos bajo el signo de la democracia e inmersos en un proceso de profundo cambio social. La cuestión, entonces, es asumir el reto y aprovechar las oportunidades de la coyuntura histórica.
El Informe propone tres puntos de quiebre con respecto a los estudios, análisis y políticas de niñez y adolescencia de los años recientes. Primero, reconocer que los niños, niñas y adolescentes son “actores presentes del desarrollo” y no sólo el “futuro de la patria”. Segundo, muestra que existen múltiples maneras de “ser niño” en Bolivia. Tercero, pasar del discurso a la acción en materia de políticas públicas, lo cual puede caber en el espíritu del Plan Nacional de Desarrollo del Gobierno actual.
Otro punto que remarca el Informe es que, en Bolivia, cada año nacen más de 255 mil niños y niñas, pero apenas cuatro de cada 10 logran superar la “carrera de obstáculos” de los primeros 17 años de vida. Tal “carrera” consiste en sobrevivir el primer año de vida, transitar la infancia sin problemas de desnutrición crónica, concluir la educación primaria y no trabajar antes de los 14 años.
Datos significativos pueden ser los referidos a que la transformación demográfica en Bolivia se caracterizó por la caída de la tasa de fecundidad de 6,2 a 3,8 niños por mujer en edad fértil entre 1989 y el 2003 y a la reducción de la tasa de mortalidad infantil de 89 a 54 por cada mil nacidos vivos entre el mismo período.
Otra referencia estimulante del Informe del PNUD es que Bolivia ha mostrado una tendencia hacia la igualdad de género en la educación. De este modo, la disparidad de género se redujo significativamente. En el caso concreto de la Meta del Milenio, disminuyó de 15 a 2.
En cuanto a pasar del discurso a la acción, el Informe dice que implica reconocer las lecciones del pasado y proponer pasos que encaminen la política pública actual. Para el efecto, plantea: 1. Asumir una visión integral del desarrollo. 2. Construir tipologías descentralizadas de acción. 3. Proponer paquetes diferenciados de política pública. 4. Financiar con una lógica de gestión por resultados, y 5. Volver a la familia y a la comunidad.
Las recetas están dadas, lo que falta ahora es aplicarlas enhorabuena para las actuales y futuras generaciones.