La paceñidad honra la memoria de su héroe máximo, don Pedro Domingo Murillo, líder del movimiento independentista del 16 de julio de 1809. Valor, idealismo y entrega son las virtudes que expuso entonces y hoy las recuerdan los hijos de esta tierra generosa.
La Paz, la destellante joya de la cordillera de Los Andes, conmemora hoy el 197 aniversario del primer grito libertario que se escuchó en estas latitudes de América contra el coloniaje español. A lo largo de una dramática y, a la vez, fecunda trayectoria cívica, la paceñidad ha sido y seguirá siendo el baluarte de la libertad en Bolivia. Este es su sino histórico, glorioso y rotundo de la ínclita La Paz.
Pocos pueblos han hecho tanto por conservar su identidad indomestiza, aparte de constituirse en el crisol de la nacionalidad boliviana. En La Paz nadie es ajeno, por lo que todo el que vive en su suelo, venga de donde venga, se consubstancia con su calidez y se siente uno más de esta gran familia que se halla tan cerca del cielo.
Esta ´cuna de la libertad y tumba de tiranos´ ha dado muchos hijos que se distinguieron por su devoción y lealtad al servicio público, pero, en el último tiempo, padece los efectos de un gran quiebre. Le están faltando líderes regionales que interpreten sus necesidades y asuman la defensa de sus sagrados intereses. Se espera que esta falencia no se prolongue, porque puede ser un factor de decadencia, con todas las secuelas que ello entraña.
Entretanto, no tiene que menguar el espíritu paceñista de todos sus habitantes, ese al menos tiene que ser el mandato de una hora marcada por la incertidumbre. En este sentido, ha sido muy triste que se hubiera perdido la oportunidad de optar por la autonomía departamental, porque sólo por esa vía puede construirse un futuro de mayor independencia y pujanza para el engrandecimiento de La Paz.
En varias circunscripciones territoriales del área urbana el pronunciamiento ciudadano fue por el Sí, pero el voto-consigna del campo arrasó con esa voluntad. Más se tuvo en consideración ciertas conveniencias políticas del momento. Así, se perdió de vista o no se meditó sobre el daño que podía inferírsele a este departamento merecedor de un mejor destino.
A través de un modelo autonómico, La Paz tenía la posibilidad de conjuncionar sus energías e iniciativas para desarrollar el enorme potencial de riquezas con que le dotó la providencia. Es hora de que en esta privilegiada región se haga conciencia de que el centralismo no le sirvió de nada.
Si bien los emprendimientos privados le han conferido a la urbe paceña un aire de modernidad, en cambio es un departamento que virtualmente carece de un aparato industrial que mejore las condiciones de vida de sus habitantes, por medio del trabajo y el crecimiento económico. Pese a todo ello, La Paz tiene todas las condiciones y merecimientos para seguir siendo el centro del poder en Bolivia. La facilidad de su acceso al océano Pacífico le concede ventajas inapreciables. Además, su característica es el cosmopolitismo. Es de esperar que la Asamblea Constituyente tenga en mente estas y muchas otras cualidades que tiene la ciudad de La Paz para ratificarla como sede incuestionable de los principales poderes del Estado.
Este es el día en que la paceñidad honra la memoria de su héroe máximo, don Pedro Domingo Murillo, líder del movimiento independentista del 16 de julio de 1809. Valor, idealismo y entrega son las virtudes que expuso entonces y hoy las recuerdan —con la cabeza inclinada— los hijos de esta tierra generosa.