La semana antepasada, antes que tenga inicio ese embrollo que se ha venido a llamar Congreso de la Educación, el Ministro de Educación ha concedido una entrevista a Don Gringo Gonzales, hoy alto funcionario del Gobierno, pero que a la sazón fungía de periodista televisivo. Las declaraciones del señor Patzi me han causado gran preocupación, primero porque ha dicho que lo que él quiere es que los niños en quinto de primaria ya sean unos “sociologuitos”. A primera oída hasta suena simpático, pero por supuesto que no lo es, es más, hasta es peligroso, principalmente por el incremento de violencia familiar que se daría en el país. Imagínese amigo lector un niño (su hijo, o su hija) de 10 ó 11 años con aires de Silvia Rivera o de Renato Prada, (ambos respetables profesionales, independientemente de lo que opine el Mallku). Mucho me temo que nos enfrentaríamos no sólo a una ola de infanticidios, sino más concretamente de filicidios.
Y es que, los niños son niños, y un sistema educativo que quiera convertirlos en “sociologuitos” es un despropósito de dimensiones mayores, me quedo con la “maldita” reforma anterior, que apostó por niños alegres, libres y expresivos, (las últimas cuatro palabras conforma el título del libro que Amalia Anaya y Xavier Albó publicaron en 2003, sobre los méritos de la educación intercultural bilingüe en Bolivia).
Da para burlas eso de los “sociologuitos”, pero es tremendamente serio, lo que el señor Patzi nos está ofreciendo es amaestramiento ideológico para nuestros niños, es deformación en su más puro sentido, hay temas y disciplinas, que simplemente no pueden ser asimilados a una determinada edad, los sociologuitos, serán en realidad una especie de loritos.
Pero mi asombro respecto a las declaraciones del señor ministro no quedó allí, y es que también dijo que quería cambiar las clases de religión por una historia de las Religiones, la propuesta suena también razonable, pero, ¿de dónde sacamos maestros que puedan enseñar adecuadamente una historia de las religiones? ¿Con qué plata formamos a ese regimiento? ¿Vale la pena invertir en eso cuando todavía tenemos serios problemas en las materias fundamentales? Por lo demás esa materia no tiene nada que ver con el espíritu de una clase de Religión, cuya validez, es por cierto, legítimamente cuestionable.
Estas dos declaraciones hechas a las puertas del Congreso de la Educación me hacen pensar que no estamos en las mejores manos. Y claro, estos son sólo síntomas de algo que es mucho peor, el desmantelamiento de una política de Estado que fue trabajada ardua y responsablemente, que costó muchísimo dinero, y que dio, pese a que no se permitió su continuidad, resultados muy positivos que son innegables.
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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