La gente que hace patria desde la calle Hombres y mujeres toman las calles de las principales ciudades, de día y de noche. Muchos de ellos ya son verdaderos personajes. Aquí van 10 historias.
La hora y el lugar interesan poco cuando de llevar el pan de cada día al hogar es lo primero. Algunos por la madrugada, otros durante el día y los demás por la noche. Las principales calles de las ciudades bolivianas, en este caso de La Paz, son todo el tiempo testigos de la labor fecunda de hombres y mujeres que han hecho de la calle su lugar de trabajo y producción.
Más allá de los análisis macro, micro, proyecciones y demás, en esta fecha especial, el suplemento Ejecutivos quiso compartir y dar una mirada a la gente que a diario lucha y hace patria en las calles.
La Paz está llena de figuras y de historias, de personas que en el trabajo diario vieron pasar la historia del país. Como don Gerardo, el famoso lustrabotas de la plaza Murillo. Por ganar unos centavos más puso en riesgo su vida en los violentos enfrentamientos de febrero del 2003. También estuvo en vilo en las jornadas de octubre de ese mismo año, ´cuando cayó el Goni´.
La mayoría de estos hombres y mujeres terminó trabajando en las calles como efecto del alto nivel de desempleo que hay en el país, y que se incrementó en los últimos años, según datos del INE, producto de la aplicación del modelo económico de libre mercado.
Nadie está por gusto, tal vez a muchos de ellos les hubiera gustado ser profesionales y estar bien sentados en una oficina de los tantos edificios que hay en el centro de la sede de gobierno.
Pero la necesidad tiene cara de hereje. Por eso, ´no quedó otra que lanzarse a la piscina y aquí estamos´, dice doña Pasesa, la famosa chicharronera de Villa Fátima.
Algunos, sin embargo, heredaron de sus padres el oficio que hoy realizan también con orgullo. Don Félix, por ejemplo, es fotógrafo en la plaza Alonso de Mendoza y aún conserva una caja fotográfica, aquella famosa máquina.
Quienes estudiaron en la UMSA y ahora son grandes profesionales que sirven al país, sin duda deben recordar a doña Cristina, la dulcera de la esquina, aquella valiente mujer que aprendió a querer a los estudiantes en medio de las piedras y los gases lacrimógenos que iban de un lado a otro.
Los vecinos de la zona de Obrajes, ya en el sur de La Paz, recuerdan aún la voz de aquel joven canillita que sigiloso, caminaba por las calles del barrio. Hoy, ese joven tiene más de 70 años y su quiosco en la calle 17 de Obrajes. Don Héctor ya no sale por las calles, pero sigue vendiendo periódicos.
Más allá de los riesgos que la noche paceña puede tener, o a veces del intenso frío, un hombre sabe cómo atraer a los bohemios a la esquina en la cual es el dueño. Busch y Díaz Romero es el lugar donde don Plácido hace chuparse los dedos a todos con sus hamburguesas, salchipapas y pollos, famosos en la ciudad.
Así, el viejo cartero, el chofer más antiguo del Sindicato Litoral, la vendedora de flores en la Pérez Velasco y muchos otros más tienen una historia que contar, pero sobre todo, son una muestra de que los bolivianos no se rinden ante la adversidad, y que antes la falta de un empleo seguro, usaron su inteligencia y astucia para encontrar una fuente de vida, ´una actividad económica que les permita sobrevivir´, dice Daniel, el cartero más antiguo y querido.
A diario, los medios de comunicación se ocupan del gas natural, de las exportaciones, de la gran industria, de la soya en Santa Cruz, del ATPDEA, del Mercosur, ´pero muy poco se dice de nosotros, que como comerciantes también aportamos al país´, señala Graciela.
Los 10 protagonistas, en este 6 de agosto, pidieron al Gobierno trabajo para los bolivianos, ´porque así ellos también pueden comprarnos y ayudarnos a nosotros´.
DOÑA PASESA PREPARA EL SABROSO CHICHARRÓN
Si de chicharrón se trata, doña Pasesa Condori Castillo es palabra autorizada. Conocida en la zona de Villa Fátima, hace 27 años que prepara y vende este tradicional plato nacional. Recuerda con nostalgia que comenzó su negocio con un anafe y ´con unas libras de motes y unos kilos de carne de cerdo, en esos años la porción de chicharrón costaba 40 centavos´, dice la señora.
Doña Pasesa tiene un método muy especial para cocinar el chancho pero, claro está, no revelará sus secretos. Eso sí, para su trabajo usa ahora cinco cocinas, cinco garrafas de gas y cinco recipientes para el agua.
A las siete de la noche, uno de sus operarios comienza a colocar las presas de cerdo en el primer sartén y así, hasta llegar el quinto, donde con una pinza de metal doña Pasesa separa los trozos de carne de cerdo y comienza a servir los platos.
Los platos medianos cuestan a 12 bolivianos y los grandes a 15. Pasesa reconoce que ella tuvo mucha suerte, pero que hay otros bolivianos y sobre todo ´mujeres que no encuentran cómo llevar a sus hogares el pan de cada día´. Por eso pide al gobierno de Evo Morales, en este 6 de agosto, ´trabajar por los más pobres y castigar a aquellos que dañaron al país y los bolivianos´.
LAS SALCHIPAPAS DE PLÁCIDO BALDELOMAR
Plácido Baldelomar es el dueño de la esquina que forman la avenida Germán Busch y la calle Díaz Romero, en la popular zona de Miraflores. Él es famoso por las salchipapas, hamburguesas, y los pollos que prepara.
Está más de treinta años con este negocio. Comenzó con un pequeño capital y al principio sólo ofrecía salchichas y hamburguesas. Ahora, la gente, sobre todo aquellos que les gusta la vida nocturna de La Paz, hacen cola para saborear su sazón.
La jornada de Plácido se inicia a las siete de la noche, cuando comienza a preparar sus comidas, y termina pasadas las cuatro de la mañana, de lunes a sábado.
Tiene cinco hijos, dos varones y tres mujeres, quienes junto a sus esposas también ayudan en el trabajo.
Feliz, dice que sus ´clientes hacen fila para adquirir sus productos y vienen de todas las zonas de La Paz´.
Anécdotas tiene miles. En una que se le viene a la cabeza recuerda cuando vio cómo le robaban a una de sus clientes. Dice que se asustó mucho y por eso pide mayor control en la zona.
Pese a que sus precios son bajos, hay gente que no le puede comprar, por eso, en este 6 de agosto, pide paz y sobre todo trabajo para los bolivianos, ´para que pase esta situación difícil que vive el país y todos mejoremos´.
EL QUIOSCO FAVORITO DE LOS UNIVERSITARIOS
Cristina Salinas, 43 años de edad, es la heredera del puesto de venta de dulces de la esquina de la UMSA, entre las calles J.J. Pérez y la avenida Villazón. Es por años, el favorito de los universitarios.
Cuando apenas era una niña, ´10 ó 12 años´, dice, ya atendía el puesto. Desde entonces, y por los más de 25 años que lleva y por las veces que vio los atropellos de los policías contra ellos, aprendió a tener cariño por los estudiantes.
En su quiosco hay de todo. Dulces, galletas, chocolates. No faltan los puchos. Ahora tiene hasta cuatro teléfonos celulares. Su puesto de venta data de 1948.
Por dedicarse a esta actividad doña Cristina no se ha casado y sigue soltera, pero tiene cinco hermanos a los cuales ayuda. Su trabajo comienza a las ocho de la mañana y regresa a casa a las 10 de la noche, cuando las actividades en la UMSA y alrededores también se acaban.
Ella pide un mayor control de la Policía en el centro paceño, porque en los últimos años se incrementó la delincuencia.
En este 6 de agosto, ella sueña con que el Estado ´entregue nuevas fuentes de empleos permanentes, especialmente para los jóvenes´, para que el poder adquisitivo de la gente también se incremente ´y puedan comprarme mis productos´.
EL CORREO “NUNCA MORIRÁ”
Su trabajo comenzaba en la calle Potosí y de allí hacía el recorrido hasta llegar a la zona Agua de la Vida. En esa época entregaba al menos 1.000 cartas entre las ocho de la mañana y las ocho de la noche. Don Daniel Alemán es uno de los carteros con más experiencia y antigüedad (40 años) en la Empresa de Correos (Ecobol).
Entre las anécdotas que recuerda, cuenta que una vez fue a entregar una carta a una casa de la calle Colón, número 754, donde había dos patios que cruzar. En el segundo aparecieron un perro y un gallo que no lo dejaban pasar. Dice que tuvo que hasta pelear con ambos animales, pero logró entregar la carta.
En la actualidad, don Daniel continúa entregando correspondencia y percibe por su trabajo 2.700 bolivianos. La cantidad de cartas que entrega bajó notablemente y no pasan de 50.
La gran competencia para este gremio se llama internet y correo electrónico, además de los curriers ´que no tienen un control adecuado por parte de las autoridades´. ´Pero el correo no morirá, no desaparecerá´, dice. Daniel sólo quiere estabilidad laboral, para él y para sus compañeros, y que todas las medidas que el Gobierno tome en adelante se \'hagan pensando en los más pobres y necesitados del país´.
FLORES PARA ALEGRAR LA VIDA
Más nuevo, pero no por eso menos tradicional, es ya el Mercado de Flores en la Pérez Velasco. Joven, Norah Quisbert de 35 años de edad es una de las vendedoras de flores y arreglos florales. Hace 11 años comenzó con este trabajo y ya es una de las favoritas del lugar. ´La venta de los arreglos florales depende mucho de la estación en la que nos encontremos, porque en esta época de invierno, por ejemplo, disminuye la venta, pero cuando hay más flores es en la primavera y también se incrementa la venta de los arreglos´, señala.
Las rosas, dice, tienen origen ecuatoriano y llegan al país por la frontera con el Perú. Hoy una sola rosita cuesta tres bolivianos. Los arreglos florales van de 10 a 35 bolivianos, según el tamaño, pero hay otros que llegan a costar 150 bolivianos (son las coronas, que se utilizan en los velatorios).
Las vendedoras de flores pertenecen a la Asociación Unión Femenista de Floristas 22 de Mayo. Tiene 40 afiliadas, 38 son floristas y hay dos tarjeteras.
Norah quiere ver al presidente ´Evo Morales Aima trabajar en la seguridad de la ciudad y de los trabajadores, para que no haya mucha delincuencia, además debe haber mayor control policial por la zona central´.
EL CANILLITA MÁS FAMOSO Y ANTIGUO DE OBRAJES
Obrajes y sus alrededores son sus dominios. Héctor Ramos Espinoza, de 58 años de edad, es recordado por muchos vecinos, cuando hace años caminaba por las calles gritando la venta de sus periódicos. Es el canillita más antiguo de esta zona y hoy tiene su quisco en la esquina de la calle 17 de Obrajes, junto al Gran Centro del Club Bolívar. Dice que van más de 35 años que se dedica a esta actividad. Al principio tenía su puesto de venta en la calle 10 de Obrajes, luego se trasladó al quisco de la calle 17.
Recuerda que este lugar de trabajo le fue entregado por don Raúl Salmón, ex alcalde de La Paz, pero ellos pagaron la mitad.
Su esposa le acompaña y le ayuda en el trabajo. También sus hijos (tiene cinco, tres varones y dos mujeres) y ahora hasta sus nietos. ´Ellos también ayudan a vender´. Por su puesto que lo que gana es para la familia, aunque lo que sobra ´es para sus gustitos´, señala.
Su trabajo comienza a las cuatro de la mañana y por lo general se queda hasta las nueve de la noche. A diario vende más de 50 periódicos y los domingos duplica esta cifra. En este Día de la Patria, don Héctor le pide al Presidente ´que cumpla las promesas que le hizo al pueblo boliviano´, y asi darle a Bolivia mejores días y bienestar.
UNA FOTITO EN LA ALONSO DE MENDOZA
Llegaron al país a principios de los años 50. Son las viejas cámaras fotográficas, conocidas más como cajas. En la plaza Alonso de Mendoza, Félix Aquino Mamani, de 63 años de edad, tiene todavía una de ellas, aunque ya no la usa mucho. Don Félix comenzó este trabajo hace más de 50 años, siguiendo los pasos de su padre, quien también fue fotógrafo.
´Antes, las fotografías eran en blanco y negro y después algunas se pintaban a colores con las acuarelas´, cuenta. En la actualidad utilizan las cámaras Polaroid, y cada fotito tiene un costo de 12 bolivianos.
Todos los fotógrafos de la Alonso de Mendoza trabajan ahora con la Polaroid. Pero las cajas están todavía ahí, como una reliquia, como parte del paisaje urbano del viejo casco paceño.
Los turistas son los que más se interesan en tomarse fotografías con la caja. ´Cuando aparecieron tenían un costo de 500 bolivianos, con esa cantidad se podía comprar hasta una casa´, explica.
Por la situación que vive el país, hay días que trabajan y otros que no. ´Por esta razón con mis compañeros pedimos al Gobierno que dé más trabajo, porque así también nos dan trabajo a nosotros´, dice en su mensaje en este 6 de agosto, día de Bolivia.
EL SUPERVITAMÍNICO DE DOÑA GRACIELA
Uno de los puestos de venta en la avenida Camacho, en el mercado del mismo nombre, es su lugar de trabajo hace 24 años. Un supervitamínico por favor doña Graciela, dice uno de sus caseros mientras aprecia la fruta fresca.
´Quisiera que el presidente Evo Morales implemente políticas para crear más empleos´, dice Graciela Bacarreza de Salazar, una de las más antiguas caseras de los famosos jugos de la Camacho, en este 6 de agosto como mensaje para los bolivianos.
Entre sus productos estrella está el supervitamínico, que tiene jugo de naranja, toronja, zanahoria, papaya, frutilla, manzana y huevo, además de cereales como el amaranto, la soya, la quinua y la avena. Algunos lo recomiendan para aquellas personas que están débiles o salen de alguna enfermedad. Otro de los productos famosos de Doña Graciela y sus compañeras es la ensalada de frutas. La casera, que ahora ya tiene 68 años, comenzó su negocio con 1.200 bolivianos allá por el año 82. ´Esto no incluye los equipos como ser la batidora, la licuadora, el exprimidor y la sumidora´, señala. Las frutas las compra en el mercado de El Tejar, ´porque allí es más barato´.
Las frutas de esta temporada invernal son la naranja, la mandarina, la toronja, pero también se utiliza la uva y la manzana.
VÍCTOR, TODA UNA VIDA FRENTE AL VOLANTE
Víctor Villarroel ya tiene 78 años. Todavía tiene fresco el recuerdo del inicio de la década del 50, cuando comenzó a trabajar como chofer profesional a sus 22 años. Fue en la línea 1 del Sindicato Litoral y hacía el recorrido entre la zona de San Jorge a la Estación Central, ´la tarifa en esa época era de treinta centavos´, dice.
El primer colectivo que tuvo bajo su mando fue uno de marca Chevrolet del año 46. Entonces era un asalariado. Pero su experiencia y vocación por el transporte viene de mucho atrás, cuando a los 12 años ya era un boletero y cobrador. En aquella época, los colectivos viajaban todo el tiempo llenos. ´incluso la gente iba en las pisaderas de la puerta´, recuerda. En 1970 don Víctor pudo comprarse su propio colectivo marca Chevrolet. Su valor más o menos seis mil bolivianos. Con él pudo llevar el pan de cada día a su hogar por más de 50 años. Formó una familia con su esposa y tres hijos, dos mujeres y un varón, todos profesionales.
En la actualidad es Secretario Ejecutivo de los Decanos del Sindicato Litoral, entidad que agrupa a los choferes más antiguos de este sindicato.
En este 6 de agosto, don Víctor a nombre de sus colegas choferes pide al Gobierno ´más trabajo y paz para los bolivianos´, que quieren aportar a su país.
GERARDO, EL LUSTRABOTAS DE LOS FAMOSOS
Una de las esquinas de la plaza Murillo es su trinchera. Don Gerardo Velasco, ahora con 74 años de edad, tuvo en su silla de lustrabotas a los políticos más famosos, a quienes recuerda ´como si fuera ayer´.
Uno de los personajes que con frecuencia lo visitaba para pedirle brillo a sus botas, fue el ex presidente y dictador Luis García Meza. Pero otros políticos de peso, sobre todo del Congreso confiaron parte de su elegancia a sus manos y su habilidad limpiando los zapatos. ´Me trataban como amigo´, dice. También fue testigo de los golpes de Estado y otros movimientos sociales en la histórica plaza. ´En especial recuerdo lo sucedido en los meses de febrero y octubre del 2003 cuando se enfrentaron policías y militares, donde murieron muchas personas´. Aquellos días, hasta su vida estuvo en peligro.
Escobilla en mano, el trapo y las cremas cerca, quiere paz para los bolivianos, ´para que podamos trabajar´, señala. Cada día lustra hasta 25 pares de calzados a un boliviano. Tiene su esposa y tres hijos a los cuales, ´con esta actividad logré sacarlos profesionales´.
Se queja por la gran competencia que hay ahora y rechaza a quienes ocultan su rostro bajo un pasamontañas. ´A veces hacen quedar mal a los lustrabotas´.