Está claro que el libro como objeto viene triunfando ante el inminente y desenfrenado avance de la tecnología, tan cercana a los monitores y teclados, tan distante del papel, la imprenta y el aroma profundo de las tintas. Implacables los botones y procesadores, escoltados por chips e infrarrojos como francotiradores, ocupan cada vez más espacios en la Red de Internet pero todavía sin aproximarse a los bastiones de los libros que se trasladan por el mundo gracias a los recursos de emprendedores amantes de las letras seguros del poder conmovedor de los libros y de todas las sensaciones que generan.
Tomar un libro en las manos, hojear cada página, descubrir los desenlaces en cada línea y detenerse con cada dato que sus autores presentan. Cada libro como síntesis de un cerebro humano, esforzado por explicar o construir algo que el resto desconoce.
Los libros son el testimonio de una forma de vida, se detienen en los estantes de los estudios que a su vez se transforman en el refugio de los lectores, los creadores, los intelectuales, los artistas y los coleccionistas.
Los libros por miles, millones en una feria donde concurren todos. Los libros salvándose de los sistemas, los escritores comandando el proceso fecundo de la producción que transforma a las personas.
Sin duda hay una estrecha relación entre una sociedad y los libros. Éstos son como la muestra de los niveles de conocimiento —cultura en el sentido académico—, que ostenta una sociedad, pero también —cultura en el sentido de la costumbre—, de la forma a través de la cual un colectivo social aprehende el mundo.
Cuando los pueblos optan por desterrar el analfabetismo están a un paso de reforzar la técnica y transformarla en costumbre. Entonces leer tiene sentido, porque deja de ser una casualidad y se transforma en algo trascendente.
De ahí que la Feria Internacional del Libro de La Paz debe ser apreciada más que como un hecho circunstancial, siempre a mediados de agosto, como un elemento más trascendental porque en ella está la semilla de la transformación estructural de nuestra sociedad.
Ahí caben todas las variables de construcción social, desde las que reivindican los saberes y conocimientos originarios, hasta aquellas que apuestan por la modernización de los oficios y de la sociedad.
La Feria Internacional del Libro concentra la mayor oferta literaria del país, pero más importante aun, a la mayor cantidad de personas que evento similar puede atraer. Consolidada a través de los años la Feria Internacional del Libro debe comenzar a innovar y desarrollarse. Con la iniciativa de la Cámara del Libro y el respaldo de todas las instituciones públicas o privadas la Feria debe desarrollarse y extenderse, aproximarse hacia esos potenciales clientes en los barrios y laderas, trastornar la ciudad de La Paz e inundarla de libros, atractivos y accesibles para esa gran mayoría ciudadana que no puede aproximarse a Següencoma. De este modo, con mayor propiedad y energía, el libro seguirá venciendo a la tecnología y transformará nuestra sociedad.
*Pablo César Groux es Oficial Mayor de Culturas del Gobierno Municipal de La Paz.
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