Mario evita que la carretera a Yungas se lleve más vidas Hace 16 años, toda su familia murió en ese camino. Es conocido como el "semáforo humano". Organiza el tránsito en una parte de la peligrosa y estrecha carretera. Sólo espera recibir monedas. Su familia son los choferes.
SU LABOR • Don Mario organiza el tráfico en el mismo lugar donde murió su familia. Trabaja los siete días de la semana.
Hace 16 años, Mario perdió a toda su familia cuando viajaba por el camino a Yungas en una flota. Cerca de la zona de El Balconcillo, la parte más alta de toda la vía, ocurrió la desgracia.
El bus en el que estaba "cayó por la pendiente" de más de 300 metros y el accidente terminó "matando a los que quería".
Los que alguna vez viajaron por esa vía habrán visto a don Mario, empolvado desde los pies y con una gorra en la cabeza, con dos paletas en las manos, la verde, para anunciar el paso y otra roja, para señalar el peligro.
Mario no habla de su edad ni profundiza en detalles de su vida actual, pero explica por qué decidió quedarse en el mismo lugar donde murió su familia. "Quedé solo, andaba llorando y me quedé por aquí", dijo en una conversación con La Razón, el martes, cuando este diario investigaba las causas de la muerte de 24 personas en un accidente ocurrido el domingo.
Como recompensa, sólo espera algunas monedas que recibe desde las ventanillas de los coches, aunque son bien recibidas las frutas o la comida.
Durante este tiempo, 16 años, este hombre construyó una nueva familia: “Mis amigos, los maestritos de las flotas y de los camiones. Ellos paran, me traen alimentos, me regalan dinero, y me llevan a la civilización cuando voy para comprar cositas para mi subsistencia”, relata.
Don Mario trabaja todos los días, de 7 de la mañana hasta que se entra el sol, "porque después los conductores ya no me ven".
Con lo que ganó durante sus 16 años de trabajo don Mario contó que construyó una casita , "vivo aquí abajito, yo también me he hecho mi casita. Vivo solo", dijo y añadió que con las monedas que gana incluso ha podido tener unos cuantos "ahorritos". Por ahora don Mario, según explica, no piensa cambiar de oficio.
Hoy, lo reconforta el hecho de que ahí, justo donde murió su familia, él evita los accidentes.