El que Ecobol haya lanzado al mercado tres sellos postales con la imagen de Su Excelencia es ante todo una muestra de llunkerío de sus niveles gerenciales, y no se le puede echar la culpa a Don Evo, al menos en primera instancia, aunque no recuerdo otros casos, si me viene a la memoria el señor postal que se hizo con el rostro de Yolanda Prada, la esposa del ex dictador, y eso ya en el período democrático.
Podríamos por ende, suponer que se trata de un gesto rastreo, tan típico en ciertos sectores de chupar las medias de quien está en el poder. Pero como siempre, hay lecturas laterales, y es que el que chupa las medias de alguien lo hace normalmente porque sabe que al poderoso le gusta que se las chupen. Quienes hicieron la estampilla para doña Blanda, recordando seguramente las monedas de oro con la efigie de Banzer haciendo compañía a Bolívar, lanzadas para el sesquicentenario, sabían que estaban apostando a ganador.
¿Y Don Evo? bueno, los despistados podrían creer que quien enarbola la sencillez al extremo de no usar corbata ni en La Zarzuela, podría hasta indignarse con tanta saliva ajena cerca a los pies, pero si recordamos que sólo hace unos pocos días la casa donde el gran líder nació ha sido declarada Monumento Nacional, entonces la cosa queda bastante clara, y podemos decir que todo hace juego.
Lo que estamos viviendo es el nacimiento de una estrella, de un Mesías si queremos utilizar terminología bíblica, de un nuevo Fidel, pero indígena si queremos ser revolucionarios.
¡Es eso algo a lo que deberíamos oponernos? Por nada del mundo, es imposible, porque si se pretendiera acallar esta tendencia, volvamos al tema bíblico, hasta las piedras gritarían. En realidad desde un punto de vista comercial, lo más sensato es subirse al carro, me imagino por ejemplo en la comercialización de estuches en forma de lo que llaman cruz andina, que contenga retazos de uña del nuevo Pachacutec. Quien sabe si ese no sería un ítem privilegiado en el mentado tratado comercial de los pueblos. Pero dejémonos de cachondeo, lo cierto es que independientemente de las simpatías o rechazos que Don Evo Morales pueda inspirar, independientemente de los cambios altamente positivos que pueda significar la presencia de indígenas en puestos clave del aparato estatal, independientemente de las legítimas reivindicaciones que tienen que darse a los sectores negligenciados de nuestra sociedad, el culto a la personalidad es antidemocrático, anacrónico y vomitivo.
Evo Morales es indudablemente una importante figura política de nuestro tiempo, y no necesita las muletas de estampillas ni relicarios, ni sitios de peregrinaje… ¿o sí?
*Agustín Echalar es periodista independiente.
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