Con mucha frecuencia los economistas volvemos a los enmarañados laberintos de la teoría económica para intentar explicar de qué depende el desarrollo económico y social de un país. Pero como alguna vez dijo Albert Hirschman, ´la economía sólo resuelve un problema antiguo, generando dos o más problemas nuevos´. Es decir muchas veces caminamos en círculos en esta materia. Peter de Haan, un cooperante internacional e inquieto académico, ha lanzado un libro con dos títulos: El desarrollo en restrospectiva y La economía del sentido común. Uno podría decir un laberinto con dos entradas. Sin embargo, el libro busca iluminar los caminos que conducen al desarrollo. Desde su amplia experiencia de trabajo en países pobres y una excelente revisión literaria de Haan, éste toca temas claves como: el rol de la cooperación internacional en el crecimiento económico, el impacto de las instituciones en el desarrollo, o las ventajas y restricciones que brinda la globalización a países como Bolivia. Hagamos una pequeña contextualización histórica para ver algunos de los alcances del libro de Haan.
Desde los años cincuenta, varios economistas han intentado captar las diversas caras del desarrollo, como un proceso complejo de transformación económica, institucional cultural, social y política. Arthur Lewis, por ejemplo, nos habló de las economías duales, una moderna en las ciudades y otra atrasada, en el campo. Teodoro Schultz remarcó el rol del capital humano en el crecimiento. Rostow identificó que los países pasan por etapas de crecimiento, desde una infancia económica, que había que proteger, hasta una madurez que permitiría el despegue de un país. Albert Hirschman y Raúl Prebish identificaron las restricciones estructurales del desarrollo, entre las más importantes, el comercio injusto y desigual. Robert Solow sostuvo que el problema del crecimiento se debía a la falta de ahorro y a la carencia de tecnología. Posteriormente Paul Romer avanzó sobre el modelo de Solow y dijo que más importante que la tecnología es el uso de las ideas, es la producción de éstas, lo que depende del capital humano.
Un cambio importante en los años ochenta y noventa fue introducir el tema de las instituciones y su impacto sobre el desarrollo. Entre los autores más relevantes de esta escuela están Douglas North, Daron Acemoglu y Dani Rodirk. Es en esta última vertiente teórica que el libro de Peter de Haan concentra sus mejores capítulos.
Esta nueva línea de investigación en la academia internacional señala que los secretos del crecimiento económico y el desarrollo se encuentran no solamente en las diferencias de capital o tecnología sino en la arquitectura institucional con la que cuenta un país. Siguiendo trabajos pioneros de Douglas North se entiende instituciones como las reglas de juego, formales e informales, en una sociedad que moldea la interacción entre las personas. Estas reglas de juego tejen una estructura de incentivos y restricciones económicas, sociales y políticas que determinan la acción de los individuos y las empresas. Es decir, las reglas de juego de un país, plasmadas en su Constitución, sus leyes y códigos de conducta no escritos, influencian la inversión en capital físico, humano y tecnología, y además condicionan la forma de organización de la producción y la distribución de la riqueza. Un ejemplo que colocan Acemoglu, Johnson y Robinson, en el trabajo Institutions as Fundamental Cause of Long Run Growth, es que los británicos establecieron instituciones económicas en sus colonias con diferentes resultados sobre el desarrollo de estas regiones. En el Caribe crearon instituciones económicas opresivas basadas en el esclavismo y destinadas sólo a la ex- tracción de rentas. Así mismo, las instituciones políticas implementadas en el Caribe concentraron el poder político en las élites ocupantes y construyeron un aparato estatal para extraer rentas y controlar a la población. Resultado del arreglo institucional: pobreza y subdesarrollo. Al contrario, en Estados Unidos, Canadá o Australia, donde los británicos decidieron quedarse a vivir,
establecieron reglas de juego económicas que protegieran los derechos de propiedad y estimulasen la inversión y prosperidad. En estas regiones los colonizadores ingleses crearon reglas de juego políticas que buscaban equilibrios entre las élites políticas y económicas. El resultado: Riqueza y prosperidad económica.
El libro de Peter de Haan cubre varios otros aspectos que condicionan el desarrollo. Lamentablemente, limitaciones de espacio de esta columna no me permiten explorarlos, pero que, ciertamente, las personas interesadas en estos temas, tienen la oportunidad de recorrer el laberinto del desarrollo guiados por la ágil pluma de Peter. Con este libro, el autor se despide de Bolivia de la mejor manera, nos deja sus ideas que ciertamente nos harán recordarlo por siempre.
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