Bolivia, en suma, tendría que prepararse, como lo hace todo el mundo, para el día en que los hidrocarburos se agoten como recurso en su territorio. Para ello, las universidades debieran comenzar a dirigir su atención hacia las nuevas alternativas de energía.
Los altos precios del petróleo y su vulnerabilidad, al igual que la inseguridad que existe en todo el mundo acerca de la futura oferta de los combustibles derivados, han provocado una verdadera carrera en busca de sustitutos.
Fue Estados Unidos que lanzó el llamado más firme para liberar a su economía de lo que el presidente George Bush llamó una “adicción” por los hidrocarburos, que se estaba haciendo perniciosa. Y ahora son precisamente los altos precios del crudo los que comienzan a justificar la inversión en otro tipo de combustibles, mientras se avanza en busca de otro tipo de energía.
El biodiesel está cerca de competir con un crudo que cuesta 80 dólares el barril, el etanol de maíz se ha hecho rentable con el precio del crudo en 60 dólares y lo mismo pasó con el etanol de caña de azúcar. Los brasileños son los que más rápido han ido en esa carrera en la región y más ahora, cuando el gas boliviano se encarece para ellos y para todos los eventuales compradores.
En el país también se ha avanzado en ese camino, sobre todo en dirección del biodiesel, que ha abierto nuevos horizontes a producciones agrícolas como la soya.
Por el momento Bolivia está cosechando los ingresos de la venta del gas natural, pero sería oportuno comenzar a mirar hacia un horizonte más lejano y promover también la incursión de las empresas nacionales en otras formas de energía.
Un primer paso para ese propósito, sería que Bolivia comenzara por hacer un inventario de todas las firmas de energía con que cuenta en su territorio, que son variadas.
Por otro lado, se debería comenzar a explorar otras alternativas. Es así que se descubrirá que las posibilidades de generación de energía mediante plantas hidroeléctricas no han sido explotadas ni siquiera en su más mínima posibilidad. Y todos los expertos dicen que lo que escasea en la región es la energía eléctrica. Que los países vecinos quieren comprar gas boliviano para, justamente, producir, entre otras cosas, energía eléctrica.
Otra alternativa es aquella que surge de las posibilidades de la energía generada por la fuerza eólica. Los entendidos en la materia dicen que este tipo de energía tiene enormes posibilidades, sobre todo en las regiones de Lípez y en las pampas de las tierras bajas. En la misma región de Lípez, se entiende que también hay la oportunidad de generar energía mediante el aprovechamiento de las fuentes geotérmicas.
Como se verá, existen otras alternativas de generación de energía que, a futuro, podrían convertirse en buenas opciones.
Cuando haya pasado esta fiebre provocada por el gas natural, bien le vendría al país que sus autoridades piensen en la necesidad de elaborar una estrategia energética y crear, para administrarla, un Ministerio de Energía que congregue todos los proyectos al respecto. Bolivia, en suma, tendría que prepararse, como lo hace todo el mundo, para el día en que los hidrocarburos se agoten como recursos en su territorio.
Para ello, las universidades públicas y privadas debieran comenzar a dirigir su atención hacia las nuevas formas de energía, como lo están haciendo los países vecinos. Las políticas inteligentes son aquellas que se proponen mirar hacia delante y tomar previsiones para cuando se hayan agotado los recursos naturales no renovables dentro del país.