Solo un pésimo cazador podría dispararse en el pie en vez de a su presa. Pero eso ocurre a diario en nuestra política. Imagínense por un momento, amables lectores, la cara de risa que habrán puesto los estadounidenses cuando el Vicepresidente presentaba su plan mientras el Presidente de los bolivianos hablaba mal de los posibles aliados comerciales. Así no se puede lograr muchos frutos en las negociaciones. Sobre todo cuando día que pasa se dice que conspiran, pero no se aporta la menor prueba. La sabiduría popular hablaba de cierto pastorcillo que un día gritó “viene el lobo, viene el lobo...” Usted ya sabe cómo terminó el cuento. Y es que es tan fácil echarle todos los errores al resto para no ver la viga que está en los ojos del entorno más cercano.
Pero claro, esto palidece frente a la finura de los muchachos de la Unión Juvenil Cruceñista, que le hicieron el peor de los favores al Comité pro Santa Cruz al insultar a otro cruceño que debatía con ellos por uno de los varios canales cruceños (que son papita para el loro, para cualquier estudiante de comunicación que quiera tocar el tema de la manipulación periodística y el uso de los medios a favor de las ideas políticas de sus dueños).
Los unionistas trataron al joven del Plan Tres Mil (que entiendo fue diseñado por un prominente hombre de la agrupación Nación Camba) de violador y de golpeador de mujeres por ser colla. Como si ambos crímenes fueran cometidos exclusivamente por individuos de la sierra.
Pero luego lo llamaron “colla bellaco, hijo de colla”. De pronto regresé a los años 70 en que venía a esta ciudad (desde la que escribo esta columna entre paréntesis) en la que mis primos hermanos cambas se ofrecían a acompañarme por los alrededores de la plazuela Blacutt no vaya a ser que haya algunos golpeadores de collas.
¿Y el discurso comiteísta de que Santa Cruz no discrimina? ¿Y el discurso para lograr el sí a las autonomías hablando a favor de todos los que viven en Santa Cruz como hermanos más allá de donde hayan venido?
A estas alturas del partido parece claro que las debilidades de opositores y gobernantes vienen de su propio seno más que de la fuerza que el del frente pueda tener.
Haría bien el Gobierno en buscar gente que le asesore sobre la necesidad de tener un discurso unificador y que de una buena vez se convenzan de la urgencia de firmar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos en condiciones que convengan a todos los bolivianos. Se trata de negociar, no de que nos impongan, pero a la mesa hay que ir dispuesto a ceder y esperar que el del frente también ceda, de lo contrario es un diálogo de sordos. En cuanto a los unionistas, yo que los del Comité Cívico los encierro en un cuarto y les hago repetir la Constitución Política del Estado, la Declaración de los Derechos Humanos y algún que otro manual elemental sobre la democracia. Su racismo es tan torpe que van a terminar por hacer creer a buena parte de la población de occidente que en realidad por estas tierras no se les quiere y que aquí sólo pueden vivir los cambas (buena parte de ellos, hijos de collas). Ni uno ni otro es verdad, lo he comprobado una vez más, ahora que escribo esta columna a escasos cien metros de la plaza 24 de Septiembre y me siento en mi país, tan cómodo como en mi La Paz.
*Jaime Iturri Salmón es periodista.
Pasos en falso
Antes de que se me tilde de poco respetuoso ante la desgracia ajena, déjeme precisar que de haber tenido un desenlace menos feliz que el que tuvo, ni se me ocurriría asociar, así fuera tan solo figurativamente
El arte de lo imposible
Puede sonar paradójico que, en pleno siglo XXI, se hable de lo imposible, cuando tanto se promocionan los avances científicos, sobre todo en el campo médico y cibernético y, con cierta ironía también, en el de las relaciones internacionales y globalización.
Imposturas étnicas y dos visiones de país
No sé si fue porque mordisqueaba un Vargas Llosa cuestionando cuándo se jodió el Perú en Conversación en la Catedral, pregunta apropiada a la Bolivia de siempre.
¿Quo vadis, Bolivia?
Esta no es la primera vez en que un gobierno de turno adopta una posición exterior contraria a los intereses fundamentales y a los objetivos económicos del país, pero puede ser la más costosa.