El orden de reconocimiento de identidades diferentes una vez más está cambiando, como resultado de los conflictos sociales y del posterior cambio social emergente de las movilizaciones sociales iniciadas en el año 2000. Ahora no es la cuestión del indígena la que se está tratando de eliminar de los registros, sino la forma mestizo y la idea del mestizaje está siendo aniquilada sistemáticamente desde una revisión historiográfica, que posesiona al indígena como el actor fundamental de los procesos históricos de este país.
Esto no tendría nada de malo, porque se trata de reubicar en el espectro histórico que no sólo ha sido eliminado, sino también silenciado de los libros de historia y de los recuentos de los procesos de cambio, y se ha relativizado su rol en muchos momentos de la historia contemporánea del estado boliviano, pero lo que sucede, es que para poner un sujeto se desplaza a otro generando de esta forma una nueva ruptura, es decir, se quita un actor para poner a otro en su lugar y eso tiene que ver con un recambio fluido de una élite por otra, que al final sigue siendo elite y como tal, es excluyente, radical y tendiente a ser totalitaria en sus esquemas bajo los cuales interpreta y actúa sobre el mundo.
Pero de igual modo en que ahora lo mestizo o/y lo urbano están siendo relegados a un segundo o tercer plano, resaltando los pueblos indígenas originarios de tierras bajas, guaraníes, mosetenes, yaracares, entre otros, posee diferentes modos de actuar, de valores y de actuar sobre la tierra; además de organizaciones distintas. Estas diferentes formas de acción no son en muchos casos compatibles con las lógicas de los pueblos originarios de tierras altas, con lo cuál se presentan fracturas de proyecto de estado futuro, esto se traduce en la sumisión de unos actores hacia los esquemas de otros. Hay la intención de que los pueblos indígenas de tierras altas, los han sido los mayormente excluidos y, por lo tanto, tengan todo el poder y las decisiones sobre casi todo el ordenamiento jurídico político del estado boliviano. Pero, esto implica desplazar como interlocutores validos a las demás formas identitarias, como las urbanas, las mestizas y en el mismo lado de lo indígena, a los indígenas de tierras bajas.
Se debería intentar no cometer los mismos errores de construcción de una elite todopoderosa que decide lo que está adentro y lo que está afuera del espectro de lo que se quiere mostrar o demostrar como nación y más aún teniendo en cuenta el presente horizonte de la Asamblea Constituyente trabaja para construir un nuevo sistema de reconocimientos y lazos sociales y políticos que articule las distintas nacionalidades y formas de identidad que existen en el país, de lo contrario los que queden fuera de aquel reconocimiento -explicitado en la Constitución Política del Estado- no podrán sentirse interpelados por el futuro contrato social, con lo cuál las brechas no sólo seguirán abiertas, sino que es muy probable de que se amplíen.
Christian Jiménez es egresado de ciencia política, UMSS.