Bolivia aún atraviesa un período de transición. Si bien ya nos encontramos en la primera fase de un nuevo ciclo político y económico, producto del triunfo democrático del entonces candidato Evo Morales, lo evidente es que todavía no termina de nacer lo nuevo, aquello que debería constituirse en la negación dialéctica de lo viejo. En efecto, por ahora sólo se constata señales y anuncios que no permiten configurar con mayor detalle lo nuevo y, menos aún, su forma de implantación.
De esa manera, a estas alturas no se puede establecer cuánto tiempo durará este período de transición que tuvo su inicio en octubre del 2003, luego de la renuncia de Sánchez de Lozada. A partir de ese momento y hasta enero de este año, casi todo lo ejecutado desde el ámbito gubernamental estuvo marcado por la coyuntura y la urgencia —gestiones de Mesa y Rodríguez—; y, por diferentes motivos, las grandes decisiones y los programas estructurales quedaron postergados o desatendidos. Posteriormente, el accionar gubernamental estuvo centrado en encontrar y formular los qué del nuevo ciclo y hasta la fecha no se ha podido ingresar al cómo y al cuándo.
Con relación a este período de transición, que está a punto de cumplir tres años, podría sostenerse erróneamente que no ha tenido mayores costos en términos económicos, ya que el año 2004 la economía nacional creció en 3,9%; el año 2005, en 4,1%; y estimaciones oficiales indican que el 2006 alcanzaría un nivel de 4,5%. De hecho, dichos valores, comparados con el crecimiento del PIB en el año 2003 —2,9%—, demuestran niveles sostenidos de crecimiento que podrían servir de sustento a una percepción errónea, en sentido de que el llamado “piloto automático” funciona y que a pesar del prolongado período de transición —caracterizado por excesivos niveles de incertidumbre y de indefiniciones—, Bolivia no se ha visto afectada.
En realidad, los bolivianos sí nos hemos visto afectados económicamente por un período de transición tan prolongado. Para comprender el grado de afectación es necesario analizar el comportamiento de otras economías durante el referido período, ya que se debe considerar el contexto externo favorable y prolongado que se registra desde el año 2004 hasta el presente.
Según datos del Banco Mundial, durante los años 2004, 2005 y lo que va del 2006, los países en desarrollo registraron tasas del crecimiento del PIB superiores al 6%: tasas muy superiores a las verificadas en nuestro país. En el caso de los países de América Central y el Caribe, el crecimiento del PIB en el año 2004 fue de 6%, superior en dos puntos al de nuestra economía; y en el año 2005, 4,4%, también por encima del crecimiento nacional. Paradójicamente, el año 2003 la economía nacional creció por encima del promedio latinoamericano.
Por otro lado, si se analiza la estructura del crecimiento registrado en diferentes países de menor desarrollo, se observa que nuevos sectores económicos se incorporaron en la dinámica del crecimiento, como consecuencia de un mejor aprovechamiento del contexto externo favorable. Una situación que no se dio en nuestro país, donde la dinámica estuvo concentrada en pocos sectores. No cabe duda de que el mayor costo económico de la transición está dado por un alarmante desaprovechamiento de oportunidades que difícilmente se darán en el futuro.
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