En el pasado histórico de la humanidad siempre han convivido dos grupos sociales, por un lado, la inmensa mayoría constituida por el pueblo, los pobres y, por el otro lado, una minúscula minoría, conformada por la elite detentadora del poder, los ricos. Como la producción per cápita no crecía, estos ricos no eran como los que ahora hay, porque la riqueza es un producto de la modernidad y no de la antigüedad.
Pero en los últimos tres siglos algo pasó en el mundo occidental, comenzó el desarrollo económico, tema que los científicos siguen indagando para explicar qué sucedió para que se diese este “salto”. De lo que sí hoy estamos seguros es que no fue producto de revolución social alguna. Según el estudioso de la filosofía de la economía Carlos Marx éste se produjo por “el desarrollo de las fuerzas productivas” y por la aparición de lo que se vino en denominar Sistema Económico Capitalista.
Y el desarrollo económico trajo consigo la diferenciación social en el seno del pueblo, que hasta entonces se había caracterizado por la distribución igualitaria de la pobreza, con el advenimiento de la “burguesía”, clase social que surge del seno del pueblo, constituida en su inicio por comerciantes que aprenden que la acumulación de capital es la forma de enriquecerse. Por primera vez surge la diferenciación social al interior del pueblo.
Y el desarrollo del capitalismo, de la modernidad o de la economía de mercado, trajo consigo que entre estos dos grupos sociales pertenecientes a la sociedad, los pobres y los ricos, apareciera de manera creciente las clases medias, que fundamentalmente se caracterizan por ya no ser pobres pero tampoco ricos. En las sociedades avanzadas las clases medias, que se constituyen en la mayoría, son las que se dedican a desarrollar las medianas y pequeñas empresas, a las profesiones llamadas liberales, a gobernar sus sociedades y, en fin, son todos aquellos que reciben una remuneración en los mercados formales del trabajo.
En países atrasados, como Bolivia, la clase media se caracteriza por ser débil, pequeña y muy modesta. En el país, la clase media pertenece a ese grupo social minoritario y privilegiado que es el remunerado, siendo el sector público su principal empleador y, por tanto, su inquietud es mantenerse dentro del “presupuesto público” o como entrar a ser parte de él, si todavía no lo es. La clase media no ha podido desarrollarse en el seno de la actividad económica independiente, como ha sucedido en los países desarrollados. Esta clase media y sus intelectuales, que no han logrado imbuirse de las ideas liberales del individualismo, tienen como actividad y deporte favorito la política, en un marco de una confusa ideología colectivista, alimentada por la vulgata marxista y la prédica ideológica de la Iglesia comprometida con la teología de la liberación.
Esta conducta de la clase media boliviana explica por qué sus partidos políticos importantes tenían adherido el epíteto de “revolucionario”. Recuérdese al Partido de la Izquierda “Revolucionaria”, al Movimiento Nacionalista “Revolucionario” y al más reciente Movimiento de la Izquierda “Revolucionario”, todos ellos, cuando gobernaron, cayeron en un derechismo populista deleznable. Los intelectuales en Bolivia se han caracterizado por una visión romántica de la revolución, frívola, que estar en “inn” es ser de izquierda y revolucionario.
Sin embargo, los tiempos cambian. Hoy, presentarse en el mundo de revolucionario no sólo que es patético sino retrógrado, legaña y herrumbre. Uno puede entender que durante el siglo XX la intelectualidad se hubiese alineado en el izquierdismo y el socialismo, incluso en la revolución, porque se dio un proceso de cambio fundamental en lo que vino a denominarse la revolución socialista de 1917 en Rusia, buscando una forma alternativa de desarrollo económico a la economía de mercado. La historia ha demostrado que no fue así y que lo único que hizo la rebelión bolchevique fue postergar, casi un siglo, el ingreso de ese gran país a la modernidad que es el sistema capitalista o economía de mercado.
En Bolivia también las cosas están cambiando. Si uno lee lo que los articulistas, comentaristas y columnistas de la clase media, hoy, escriben, se ve que mayoritariamente ya no están en posiciones intelectualistas y revolucionarias retrógradas. Los radicales cuarentones del MAS no se han informado que izquierdistas tajantes, que se reclamaban revolucionarios en los años 70, hoy, son los más preclaros demócratas. Es que para dedicarse a la política también hay que madurar sicológicamente. La política no debe ser ejercida por infantes que terminan en el descalabro.
Armando Méndez fue presidente del Banco Central de Bolivia.