El gobierno y la prensa chilena repetidamente usan la expresión: Bolivia no es un país confiable. Esa es una triste realidad. Nuestra política interna y particularmente externa en los últimos años, lo cual se agudiza en los últimos meses, se agudiza en esa dirección, somos una sociedad poco confiable. Lo anterior se ejemplifica muy bien con esa fina ironía del Papirri denominada ´metafísica popular´, ilustrada por el inventor de ella de la siguiente manera. Papirri lleva su radio al ´maestrito´ para que se la repare, el artesano es muy bueno, pero su respuesta a la hora de responder cuándo se puede ir a recoger la radio reparada es ´martes, miércoles o jueves, pues´. Pero esta conducta y respuesta del maestrito es muy común en todos los ámbitos. Usted compra un pasaje aéreo, que se supone tiene horas de partida y de llegada debidamente programas y cronometradas, la línea área nacional ´bandera´ o no bandera, lo puede despachar 3 ó 4 horas más tarde, sin ninguna disculpa, y sin servirle un cafecito como atenuante.
Nuestras carreteras, tan reclamadas por las diferentes poblaciones del país que quieren unirse a la modernidad, para tener medios para comunicarnos y para el transporte de los bienes que producimos, pequeños agricultores, empresas o exportadores, se ven ´bloqueados´ de un momento a otro. Cualquier pretexto es válido, el cambio de un alcalde, la toma de los bienes de la iglesia, el reclamo por ciertos beneficios que deben otorgarles las empresas por tener ubicadas las instalaciones en una determinada región o territorio, es suficiente para que se bloqueen las carreteras. Resulta claro que un gobierno que emerge de una conducta de bloqueos, no tiene autoridad moral, para imponer la ley y defender los derechos del resto de la ciudadanía. Es más se argumenta que esta forma de reclamo es totalmente válida como una forma de enmendar la injusticia por una deuda social de 500 años. No hay justificación alguna entre las demandas y el tipo de bloqueo.
La falta de confiabilidad y confianza se agudiza y se exacerba en los últimos meses, como resultado de una votación que con una mayoría clara coloca en primer plano a una fuerza política que tiene todas las ventajas para cambiar el país y resolver problemas que tienen una larga historia, resultado de una Nación que no logra superar la barrera de la pobreza, pese al impresionante stock de recursos naturales renovables y no renovables de que dispone en su territorio, pero que a su vez fomenta el odio entre todos.
En este momento, la falta de confiabilidad se acentúa, cuando se señala que la Constituyente debe partir de cero, desconociendo la Ley que le dio la partida de nacimiento con reglas completamente claras. Parece que hemos decidido que aún no hemos sido fundados, que no hemos logrado la independencia, la cual según se nos enseñó desde la escuela, la habíamos logrado en 1825. Si esta es nuestra aparente convicción interna,¿ que pueden esperar los países vecinos y no vecinos?, ¿se puede negociar con una entelequia que desconoce la conformación de sus distintos poderes y su organización político territorial ? ello a título de que hay que refundar el país.
A la falta de confiabilidad internacional se añade el clima de desconfianza mutua que se genera entre bolivianos, al exacerbar sentimientos de lucha racial y regional, anteriormente no confrontados. Tal como lo han estado señalando numerosos intelectuales, periodistas, y la población en general, parece oportuno reflexionar tanto por gobernantes y gobernados que hay necesidad de un desarme espiritual y de paz, para eliminar esta política de confrontación innecesaria entre todos los bolivianos.