La esperanza de Bolivia Con el gesto de reconciliación, se ha demostrado que la Constituyente es el único escenario donde se pueden poner de acuerdo los representantes nacionales. ¡255 personas pudieron ponerse de acuerdo por nueve millones de bolivianos!
En el sentir de la gran mayoría ciudadana existe la convicción de que la Asamblea Constituyente nació como una esperanza para el país. Se tuvo en mente que de ella surgiría el pacto social que permita colocar a Bolivia en un nuevo marco de convivencia humana, así como de normas que eliminen la falta de equidad, las injusticias sociales y económicas. En suma, que crearían las condiciones óptimas para salir, entre todos, del atraso y de la pobreza.
Ese es el ideario que caló hondo en el imaginario popular; por eso se ha observado, con inquietud y desaliento, que al cabo de casi dos meses de inauguradas las deliberaciones de la Constituyente, no se hubiera avanzado casi en nada. Más bien, se profundizaron los enconos y afloró con más fuerza todo aquello que divide y abre abismo.
De ahí que tuvo enorme impacto emocional el gesto de reconciliación que se dio el martes 3 en el seno de la Asamblea Constituyente, cuando unos y otros, oficialistas y opositores, se unieron en un abrazo de bolivianidad. El desarme espiritual que protagonizaron los constituyentes ha tenido un amplio sentido simbólico, porque se inscribe en un contexto en el que la demanda generalizada es la unidad, la comprensión y la tolerancia.
Este viraje, tan espontáneo y generoso, debería ahora reflejarse en el Gobierno, en los cívicos, en las regiones, en los movimientos sociales y en los propios partidos. La sociedad nacional está clamando por el apaciguamiento y la pacificación. No quiere ver más discordias ni hostilidades.
Sin ánimo de ser exitistas con el gesto de reconciliación que hubo en la Asamblea Constituyente, puesto que pudo obedecer más a impulsos emotivos circunstanciales, se tiene que asumir la certeza de que esta magna reunión es el único espacio en el que se pueden poner de acuerdo los hombres y mujeres que detentan la representación nacional. No hay otro escenario, ni se dará otra oportunidad tan propicia.
De no ser así, se corre el riesgo de que las esperanzas que se alientan por tener una patria común, más justa y solidaria, naufraguen en los riscos del odio y de la dispersión. Una primera manifestación de ello se dio con la actitud de rebeldía civil que asumieron cuatro regiones del país. En el oficialismo se tiene que reconocer que esa conducta tan extrema no es gratuita, ha sido provocada por las circunstancias que se están dando en la Asamblea Constituyente.
Cabe rescatar el hecho de que lo acontecido el martes 3 en Sucre ha sido la primera vez en que la Asamblea Constituyente actuó sola, inspirada nada más que en su voluntad. Dejó de lado las presiones externas que tanto mal le han estado haciendo, al punto de crearle el síndrome de la beligerancia.
Con el gesto de reconciliación de aquel día, se ha demostrado que la Asamblea Constituyente es el único escenario donde se pueden poner de acuerdo los representantes nacionales. ¡255 personas pudieron ponerse de acuerdo por nueve millones de bolivianos! Por tanto, 255 compatriotas han expuesto a la mirada de propios y extraños que, a pesar de todas las diferencias que puedan tener, los discordes de estos días pueden también sentarse alrededor de una mesa y conciliar sus ópticas distintas, pero que, en el fondo, tienden a un solo objetivo: servir mejor al pueblo boliviano.