“Éstos de la Prefectura de Chuquisaca han botado a nuestros distritales de salud y educación; han posesionado a dos del MAS y estos señores se han quedado en Sucre y, hasta la fecha, no han pisado Muyupampa´ me decía, la anterior semana, un ciudadano del Chaco chuquisaqueño. Pasando por Monteagudo una autoridad local se quejaba: ´Mire, para llegar a Sucre desde acá nos toma diez horas; en cambio para llegar a Santa Cruz cinco horas… nuestras autoridades departamentales sólo piensan en la capital blanca a la que le dan estadium, aeropuerto y lo que pidan. ¿Y sabe con qué plata? Con los dineros de las regalías petroleras que salen de los municipios del Chaco chuquisaqueño. ¡Son unos centralistas!´.
Siguiendo mi travesía, en el Chaco tarijeño observé otra realidad: ´Parece una ciudad bombardeada, ¿no?´, me preguntaba un concejal de Villamontes. ´Lo que pasa es que casi todo lo estamos haciendo de nuevo: el mercado, el alcantarillado, el gas domiciliario, las calles enlosetadas. - No se preocupe, estamos apurando las obras antes de que comiencen las lluvias y aprovechando las autonomías´. El corregidor mayor, dependiente de la Prefectura de Tarija, me contó del apoyo a los productores, de la concertación de inversiones con los municipios y de la priorización en la elaboración de proyectos, ya que los 180 millones que les desembolsa la Prefectura de Tarija deben ser gastados, caso contrario, corren el riesgo de ser revertidos.
Así, mientras los revolucionarios indigenistas, cruzados en el poder estatal, siguen viajando en helicóptero venezolano y dando arengas de revolución y cambio, la realidad local los desmiente porque, vaya paradoja revolucionaria, es precisamente en los departamentos donde ganaron las elecciones prefecturales, que la inversión pública es la más baja, donde la ineficiencia campea, la burocracia se ha incrementado, la desorganización es la ley y el centralismo se mantiene como en los tiempos de la colonia española.
Y es que, lo que ocurre en esas prefecturas, sucede, a mayor escala, con los actores del Gobierno central, que aparte de revivir el centralismo, incentivar el circo del odio y saturarnos con discursos castrochavistas, la economía nacional sigue con piloto automático sin que ellos hagan algo para impulsarla.
Es tan cómoda la actitud del actual Gobierno que a cada rato despotrican contra el neoliberalismo y, sin embargo, gracias a él pueden darse el lujo de ser irresponsables ya que igual les siguen entrando divisas producto de contratos ´vendepatrias.´
´No entiendo por qué nos hemos metido en ese circo constituyente, me decía un consejero de Cordillera, cuando en el país deberíamos estar discutiendo cómo y en qué gastar los dineros del gas que genere un desarrollo sostenible´. Hoy, la racionalidad no es moneda corriente.
*Iván Arias D. es experto en descentralización y pueblos indígenas.
Coca, coca y coca
Me inspira la lectura de un artículo del conocido y laureado periodista Humberto Vacaflor, quien, con su sabrosa prosa y conocido estilo de sátira fina ironía, escribió bajo el titulo
¿Lula ganará?
Lula cantaba victoria, al extremo que no asistió al debate final con sus rivales. Estaba tan seguro de que ganaría con la mayoría absoluta que jamás se imaginó que tendría que ir al balotaje.
Había una vez el Pato Donald
De Saturnino Farándula y sus andanzas no recuerdo casi nada, salvo sus líos con Joe Smith, el profeta mormón. También mezclo los sucesos históricos, que por entonces leía en Billiken, sin respeto por los actores y las fechas.
¿Racista, yo?
Para los desentendidos y amnésicos: Por supuesto que vivimos en un país racista desde tiempos inmemorables. Lo que pasa es que cuando uno está del lado dominante, el racismo no se siente, porque no discrimina y no jode.
Bolivia, la libertad de prensa y la SIP
Bolivia está hoy en el antípoda de realidades denunciadas por periodistas de otros países ante la SIP. La Razón seguirá actuando con el compromiso de una información rigurosa y veraz.