Para los desentendidos y amnésicos: Por supuesto que vivimos en un país racista desde tiempos inmemorables. Lo que pasa es que cuando uno está del lado dominante, el racismo no se siente, porque no discrimina y no jode. Cómo iba a molestarnos el racismo si hasta antes de la Revolución de 1952 los indios vivían en condición de semiesclavitud. Los pongos no molestaban a nadie, es más, servían a nuestros padres y abuelos con sumisa diligencia, y a cambio de techo y de préstamo de una parcela, hasta papita y algún corderito les llevaban. Ni en las elecciones molestaban, porque si no demostraban renta y no podían leer, no votaban. Y claro, como no eran dueños de nada y tampoco iban al colegio, no había forma de que molesten.
Pero qué curioso, vaya usted y pregunte a cualquier persona mayor que haya vivido en este reciente sistema gamonal (del lado de los patrones, eso sí), y seguramente ninguno se asumirá como racista. Cómo pues: si hasta jugábamos con los llokallas de la finca y en aymara hablábamos. Racistas nunca, lo que pasa es que así no más eran las cosas en esa época.
A partir del 52, la segregación racial se vuelve menos evidente, pues el MNR (el verdadero), en un intento de resolver las falencias estructurales desde el enfoque ideológico de la época, le asigna al indio una condición política de clase, in visibilizando momentáneamente la subyacente problemática racial. El indio se convierte así, en el hermano campesino dentro de la doctrina de la alianza de clases. La Reforma Agraria, el Voto Universal y la Reforma Educativa contribuyeron significativamente a la reivindicación de lo indio, pero fracasó a medio camino en la verdadera realización del indio, y en la construcción de una identidad mestiza nacional: la esperada bolivianidad. De cierta manera, el propio Evo Morales y el MAS resultan de la Revolución Nacional, con mucha mayor legitimidad que la burguesía ahijada del Estado y el gonismo (hijos putativos de la Revolución).
El racismo pervive en Bolivia oculto en todas sus estructuras, y percudido en todo el tejido institucional. El racismo nuestro de cada día, en sus manifestaciones eufemísticas de segregación y exclusión sociales y culturales, es una realidad palpable en un sinnúmero de ejemplos tan arraigados en nuestra cotidianidad, que ya nos es difícil reconocerlos. El color de la piel y los rasgos fisonómicos de los bolivianos son un factor determinante de ciertos beneficios y privilegios económicos no explícitos, pero no por ello menos evidentes. El racismo, del cual todas las élites dominantes nos hemos beneficiado de una u otra manera, es probablemente más perverso que el apartheid sudafricano, en el que por lo menos los límites de la segregación estaban claramente definidos. Nuestro racismo, el de hoy y el de antes, no se expresa groseramente en lo personal, ni está escrito en nuestras leyes, pero ha sido y sigue siendo tremendamente eficaz a la hora de separar a los privilegiados de los excluidos.
Quién sabe es por ello que ningún lector de estas líneas se sentirá aludido, pues en esta especie de impunidad colectiva, es muy fácil jactarse de que, en lo personal, uno nunca ha sido racista. Todos somos santos varones en igualdad de oportunidades, derechos y posibilidades. Es más: hoy somos las inocentes víctimas de un racismo gratuito inaugurado por el señor Evo Morales. Discúlpenme señores, pero eso para mí es de un cinismo monumental, que desnuda un cobarde temor, no a unas supuestas represalias, sino a perder los privilegios de nuestro astuto apartheid criollo.
*Ilya Fortún es comunicador social y fue militante del MNR.
Coca, coca y coca
Me inspira la lectura de un artículo del conocido y laureado periodista Humberto Vacaflor, quien, con su sabrosa prosa y conocido estilo de sátira fina ironía, escribió bajo el titulo
¿Lula ganará?
Lula cantaba victoria, al extremo que no asistió al debate final con sus rivales. Estaba tan seguro de que ganaría con la mayoría absoluta que jamás se imaginó que tendría que ir al balotaje.
Más centralismo, menos desarrollo
“Éstos de la Prefectura de Chuquisaca han botado a nuestros distritales de salud y educación; han posesionado a dos del MAS y estos señores se han quedado en Sucre y, hasta la fecha, no han pisado Muyupampa" me decía
Había una vez el Pato Donald
De Saturnino Farándula y sus andanzas no recuerdo casi nada, salvo sus líos con Joe Smith, el profeta mormón. También mezclo los sucesos históricos, que por entonces leía en Billiken, sin respeto por los actores y las fechas.
Bolivia, la libertad de prensa y la SIP
Bolivia está hoy en el antípoda de realidades denunciadas por periodistas de otros países ante la SIP. La Razón seguirá actuando con el compromiso de una información rigurosa y veraz.