Existen peculiares contradicciones en el teatro. Muchas veces, cuando se logra una obra altamente artística y con una propuesta novedosa, ésta no consigue conmover al público. Y viceversa, puestas repetitivas, con evidentes falencias en lo técnico y formal, se sitúan fácilmente en el gusto de la gente gracias al chiste fácil.
Light, luego de una extensa serie de presentaciones, ha transitado desde la obra deficiente, pero con conexión al público; hasta la que ha consolidado su calidad técnica y artística sin sacrificar la cercanía con la audiencia.
Se trata de una propuesta refrescante de Teatro Grito que, sin ser pretenciosa, crea imágenes cómicas y plásticas a tiempo de exponer reflexiones sobre la importancia de mantener un equilibrio entre lo que se es y lo que se quiere ser.
La pieza dirigida por Denisse Arancibia toma situaciones cotidianas de la vida de jóvenes que están en la búsqueda del amor y de una reconciliación con su propia autoestima. El sentirse cómodo frente al otro, al prospecto de príncipe azul que se está a punto de conocer, implicaría además una satisfacción con uno mismo. En este discurso aún quedan fallas dramatúrgicas, sin embargo, las actuaciones lo expresan con mayor cuidado en la técnica, sin perder frescura.
El hecho de que se recurra al humor para retratar las ideas amatorias no resta momentos emotivos, como la escena en que los protagonistas están frente al espejo, casi desnudos, una metáfora de que quizá el amor sólo se encuentra al reconocerse en el otro.