En ciertos personajes del actual Gobierno, cobran recurrencia aprestos de mono culturalismo indigenista con énfasis especial en la cuestión lingüística. Se empeñan en una reforma educativa que ayude a los idiomas nativos a pisarle los talones al idioma español en todas las latitudes del país. Obviamente que colocan al aymara a la cabeza de la fila de lenguas nativas a lanzar en esta persecución. Es parte crucial del plan la enseñanza obligatoria de los idiomas nativos en todos los establecimientos educativos del país y el dominio de alguno de ellos para optar a un cargo público…!
Estamos ante un radicalismo lingüístico que coloca a sus propulsores en la situación de quien nada contra una corriente imposible de remontar. Aludimos a ésa que por tener vertientes en la actual y creciente relación entre lo global o universal y lo particular o nacional, alcanza intensidad de torbellino devastador de muchas singularidades culturales de los pueblos, particularmente de las de tipo lingüístico. Algunos idiomas resisten el embate y se mantienen no sólo a flote sino revitalizados, pero otros naufragan.
El fenómeno, en realidad, se dio siempre en la historia, aunque a modalidad diferenciada. En la antigüedad, se impuso el griego, al cual sucedió el latín de un imperio que, como Roma, terminaría dominando económica, política y militarmente a gran parte de Europa. En la por entonces Iberia, la gente, especialmente la culta, pasó a expresarse en latín. Éste mandó al camposanto lingüístico a los idiomas que hablaban iberos, tartesios, fenicios, fósesos, cartagineses, celtas, godos y visigodos. A tan variopinto conglomerado sucedió el romance, hijo adulterino del latín, que más tarde, cuando los romanos perdieran sus galones imperiales, derivaría al español.
En el mundo de hoy, el tamaño demográfico y la gravitación económica en el mercado internacional son factores que determinan la funcionalidad e importancia de un idioma.
Si el chino, actualmente, figura en el primer lugar de las lenguas más habladas en el mundo, es por su población de nada menos que mil doscientos millones de habitantes y por su creciente peso en la balanza del comercio internacional. Lo mismo rige para lenguas que andan detrás suyo, como el inglés, hindú, español, ruso, árabe, portugués y francés. Algo que debemos tomar muy en cuenta los bolivianos es que el idioma de Cervantes, que es el nuestro, se halla no sólo en el cuarto lugar de los mayormente hablados en el planeta, sino que es uno de los que posee mayor potencial de expansión.
A creciente ritmo, el español le gana terreno a los idiomas nativos en nuestras propias fronteras. Este avance se debe a la imparable y progresiva migración campo-ciudad . Es cada vez mayor la concentración de quechuas y aimaras en la troncal La Paz-El Alto-Cochabamba-Santa Cruz. Los nativos de segunda generación se urbanizan totalmente. Prefieren el español al aimara, porque encuentran en el primero mayor funcionalidad. Les sirve de instrumento de integración a la sociedad a través de esa economía informal a nivel de subsistencia en la que muchos de ellos atracan. Aimaras y quechuas de tercera generación sólo hablan ya español.
Los ocho idiomas más importantes del mundo (el español, entre ellos), según datos de organismos especializados, pisarán y pasarán sobre alrededor de 700 lenguas nativas del continente americano , 200 de África y 40 de Europa.
*Mario Rueda Peña es abogado y periodista.
El factor indígena
Una de las principales premisas del actual Gobierno nacional es la de transformar las estructuras políticas y sociales del Estado, para permitir no solamente una mayor participación de sectores indígenas
Epígono de Jesús
Desde el 6 de enero de 1494, día en el cual se celebró la primera misa en América, la Iglesia católica se ha constituido en la institución más protagónica de la historia del nuevo mundo.