cVivimos en Bolivia el período más prolongado de continuidad democrática. Los ciudadanos que han cumplido veinticuatro años ya no tienen como parte de su historia, períodos de ruptura política con el orden legalmente constituido. Queda cada vez más lejana esa imagen de Bolivia de profunda inestabilidad política y profusión de gobiernos militares, anticonstitucionales, y en su mayoría destructores del marco de la legalidad. Hace veinticuatro años, Bolivia recuperaba la democracia luego de vivir, en los años previos a 1982, uno de los períodos más negros de la historia boliviana, marcado sobre todo por el régimen anticonstitucional de García Meza. Y estos veinticuatro años han aportado aprendizajes y límites, dentro de un régimen democrático en constante profundización y consolidación.
Entre los principales aprendizajes está el ir consolidando, paulatinamente, un régimen de gobierno cada vez más participativo, respetuoso de la voluntad mayoritaria, con una mayor fiscalización social sobre los actores políticos. La democracia, como gobierno del pueblo, tiene los mecanismos adecuados para consolidar una cultura política fundada en la movilización de todos los ciudadanos, para la construcción del Estado. De esta forma, la democracia ha consolidado un país en el que la sociedad se reconoce dentro de su pluralidad y diferencia, sabiendo que esta pluralidad es una riqueza imprescindible al desarrollo social.
Entre las grandes limitaciones del régimen democrático se encuentra, claramente, el poco avance registrado en la mejora de vida de millones de bolivianos que todavía siguen subsistiendo con ingresos mínimos. La democracia no ha llegado a democratizar el capital, y son todavía pocos grupos los que se benefician de los mermados recursos del Estado. Al mismo tiempo, el período denominado de “democracia pactada” ha provocado, a pesar de su aporte a la estabilidad política, una confiscación del poder por parte de grupos político-partidarios que hicieron de la prebenda, y el clientelismo, su forma de hacer política.
Indudablemente la democracia puede ser la mejor escuela de la propia democracia. Se trata de un régimen de gobierno que no se constituye en base a estructuras rígidas e inflexibles, sino al contrario, que intenta recoger la complejidad social y, sin eliminarla, alimentarse de esta heterogeneidad. Es por ello que se puede afirmar que el régimen democrático es el que mejor se puede adaptar a un Estado pluriétnico e intercultural, social y comunitario, respetuoso de la libertad y de la justicia social, si realmente se asume esta diversidad y se combate la desigualdad económica, construyendo de esta forma un verdadero motor de desarrollo social.
*René Cardozo es sacerdote jesuita y diplomado del Instituto de Estudios Políticos de París.
Violencia
“La anomia social, tal como sucediera en octubre, nuevamente se ha expresado mediante el lenguaje de la muerte...”.
Entre burros y vivos
Hace algunos días, mientras esperaba sentado al volante de mi vehículo que la luz del semáforo cambiara a verde para poder avanzar,