Hace algunos días, mientras esperaba sentado al volante de mi vehículo que la luz del semáforo cambiara a verde para poder avanzar, el conductor de otro automóvil que se encontraba detrás mío tocaba la bocina insistentemente; ni bien pudo contar con el espacio suficiente, el impaciente conductor hizo una maniobra y pasó la luz roja gritándome a voz en cuello “burro”.
Ante esta situación no supe si responder a dicha agresión verbal, renegar o reír; lo que no pude evitar es preguntarme en voz baja si las cosas en este país están en su lugar o más bien “de cabeza” por la inversión de los valores, como en este caso donde cumplir con las normas de tránsito sea atributo de los “burros” y el cometer una infracción al pasarse luz roja sea una característica de los “vivos”. Probablemente a usted le habrán pasado cosas similares que llamaron su atención.
Ojalá este caso fuera aislado, sin embargo no es así y lamentablemente todos los días vemos que la “viveza criolla” se impone al respeto por el prójimo y al cumplimiento de las normas; lo peor es que a título de viveza criolla se pretende enmascarar actos en el ámbito delin-
cuencial, ¿no es cierto que frecuentemente en los diarios, la radio y la televisión se denuncian casos de corrupción en nuestro país?, hasta se llegó a tener una Delegada Presidencial contra esta lacra.
¿No es cierto que en nuestro medio se considera “burro” a quien devuelve algún objeto extraviado, y “vivo” al que se aprovecha de esta situación?; ¿no es burro el que no acepta “comisiones o coimas” y “vivo” el que hace de esta práctica un hábito?
Si solamente se tratara de casos como “avivarse” y no respetar la fila para ser atendido en alguna oficina o institución, para tomar el ascensor u otros, estaríamos de acuerdo en que se trata de viveza criolla; sin embargo, cuando hablamos de quebrantar las normas, estamos hablando de infracciones o, inclusive, delitos que son considerados por quienes las cometen como avivadas dignas de ser contadas y elogiadas en círculos familiares y de amigos, ¿no es esto un síntoma de la inversión de valores?
Lamentablemente estas prácticas han hecho que se tenga una carrera en búsqueda de ser “el mas vivo”, sin importar los medios y consecuencias que esto implique, lo cual se transmite de generación en generación.
Bajo esta lógica, no podemos ser optimistas sobre el futuro común, puesto de que, sea cual fuere el gobierno de turno o la nueva Constitución Política del Estado, no se pueden esperar días mejores para el país, en tanto la lógica de “hecha la ley, hecha la trampa” continúe.
Lo que se necesita es un cambio de actitud, donde nuestro comportamiento se enmarque en principios y valores éticos y morales, respetando al prójimo y las normas. Es también necesario luchar sin descanso para que los “vivos no sigan haciendo de las suyas” en desmedro del país y su futuro.
*Óscar Vidaurre es agrónomo.
Violencia
“La anomia social, tal como sucediera en octubre, nuevamente se ha expresado mediante el lenguaje de la muerte...”.
Veinticuatro años de democracia
cVivimos en Bolivia el período más prolongado de continuidad democrática. Los ciudadanos que han cumplido veinticuatro años ya no tienen como parte de su historia, períodos de ruptura política con el orden legalmente constituido.