Una persona llega a un bar y pide una ´Cuba libre´. El barman lo prepara y se lo presenta y le advierte: es el último ´Cuba´, porque se terminó el ron y la coca cola. El cliente hace una mueca y replica: he cambiado de opinión; no quiero ninguna bebida imperialista, sólo quiero ron, así que me las separa! ¿Se imaginan la cara que pondría el barman ante semejante pedido? Pues bien, no es otra cosa la que nos está ocurriendo a los latinoamericanos cuando pretendemos ignorar lo que ha ocurrido a partir de 1492 —hace 514 años— en este continente que por esas cosas de la vida se decidió bautizar con el nombre de América.
El 12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón —que había salido de Palos buscando una ruta más conveniente y directa hacia el lejano oriente para conseguir mejores precios para las especias— desembarcaba en una isla y ´descubría´ (daba a conocer, que eso es lo que significa la palabra) un nuevo mundo. A partir de ese momento, hace 514 años, cambia toda la historia del continente americano. Y no podía ser de otra manera, pues los ´descubridores´ eran súbditos de unos reinos que estaban formando un Estado moderno y que en muy corto plazo iban a formar uno de los imperios más poderosos de la historia. Para conseguir estos fines los conquistadores utilizaron todos los medios que tenían a su alcance, y como todas las obras humanas tiene un claroscuro, aunque el resultado final sea el mayor fenómeno de transculturación de los tiempos modernos.
De acuerdo con el derecho internacional europeo de la época se concedió a los conquistadores las nuevas tierras en propiedad. Y para tomar posesión, trajeron consigo su cultura: religión, idioma, leyes…; y se lanzaron a la conquista, empuñando la cruz y la espada. No pidieron, por tanto, permiso a ninguno de los pueblos que encontraron en este inmenso continente, antes al contrario, violaron a sus mujeres, sus dioses, sus culturas, y hollaron sus tierras. El proceso de descubrimiento y conquista fue admirablemente rápido porque desde los primeros días los conquistadores —que poco a poco se van convirtiendo en pobladores—hicieron
suya la tierra descubierta, la convirtieron en el centro de sus afanes y pretendieron —como generalmente hacen los que emigran— construir en ella otras tantas Españas, como las que cada uno de ellos lleva en el corazón: Nueva España, Nueva Granada, Nueva Andalucía. Como lo he dicho más de una vez, aquellos hombres, para asimilar, el Nuevo Mundo, tomaron la decisión más honda que se puede adoptar, vivir en América históricamente, es decir, incorporarla a su propia historia, hacer ellos con América un mundo histórico.
Si queremos tener una visión cabal de lo que ha sido la historia de estos 514 años, tenemos necesariamente que tener una visión binocular de este proceso histórico; es decir ver a los dos grandes protagonistas del proceso: la población indígena y la española y comprender en su justa dimensión el proceso de aculturación que se ha dado. No se trata de inclinarse por la leyenda rosa y pretender que todo ha sido positivo, ni la negra, pues en este proceso ha habido imposición, violación, muerte, pero también muchas cosas positivas. La cultura española que llega como conquistadora y se impone por la fuerza, termina siendo conquistada; la cultura indígena que sufre los rigores de la imposición, asimismo termina siendo conquistada, dando como resultado una nueva cultura que ya no es ni española ni indígena, sino americana. Volviendo al símil inicial los latinoamericanos somos una ´Cuba libre´ que se ha formado por la mezcla de dos elementos: ron (lo americano) y coca cola (lo español), a la que se le ha añadido hielo y limón (que vendrían a ser otras influencias culturales, como la africana). La ´Cuba libre´ ya no es ni ron ni coca cola, sino ´Cuba libre´, una nueva bebida con el sabor de todos los elementos que la componen.
*Alcides Parejas Moreno es historiador.
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