El nuevo YPFB deberá ser producto de toda la experiencia que se tiene en el país en el manejo de las empresas estatales. En ese contexto, debe evitarse convertir a la estatal petrolera en un carga pesada para el Estado y, por el contrario, debe ser un ejemplo.
El gobierno del presidente Evo Morales anunció que se propone convertir al nuevo Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) en una corporación, de tal manera que pueda ocuparse de todas las tareas que le ha encomendado el decreto de la nacionalización, desde la exploración hasta la comercialización de los hidrocarburos.
Será preciso, entonces, crear divisiones que se ocupen de cada una de las etapas, tales como la exploración, la explotación, la refinación, el transporte, la distribución a los mayoristas y la gestión de algunos puestos de venta. Cada una de esas divisiones deberá tener una gerencia que responda a un directorio.
Lo importante es que esta oportunidad sirva para que la nueva etapa de esta empresa estatal evite los defectos que la afectaron en etapas anteriores. Ése tendría que ser el espíritu con que se encare en el resurgimiento de YPFB.
La ocasión podría ser aprovechada también para corregir algunas distorsiones que han sido introducidas en la fisonomía de la empresa por la propia norma que dio lugar a su resurgimiento. Para atender las exigencias de diferentes regiones del país, se determinó que las gerencias de YPFB deben estar distribuidas por todo el territorio nacional. Según ese criterio, las gerencias y vicepresidencias deben instalarse en diferentes ciudades porque, dicen, es preciso hacer homenaje a todas las regiones por una serie de razones.
Ese no es un criterio empresarial. YPFB podría nacer descuartizada, además de sometida a los caprichos de un sindicato que comienza demasiado pronto a exigir el pago de primas.
La refundación de la estatal petrolera fue saludada por todo el país como una reivindicación nacional. Pero algunos hechos que se han producido en este corto tiempo han mostrado los peligros de no tomar previsiones para la nueva etapa. Por una decisión que no se sabe cómo surgió, los trabajadores de esta empresa se han distribuido una prima, que viene a ser un sueldo extra para cada uno de los empleados. No se comprende el porqué de tal determinación, cuando la empresa prácticamente recién comienza con las contrataciones de personal.
Si ese estilo se impondrá en la nueva empresa, poco se podrá esperar de ella. La nueva etapa de YPFB tendría que ser planificada con más cuidado, sobre todo proponiéndose evitar los errores del pasado, como aquel de ocuparse más de las planillas que de la administración de los recursos o de la cadena de producción. Estos errores eran comunes en todas las empresas que dependían del Estado nacional.
La estatal petrolera deberá ser diseñada sobre la base de los principios de la eficiencia y la eficacia. Y nada más. Nadie, y menos el gobierno de turno, debería tener capacidad para tomar decisiones que afecten a la empresa, como la contratación de personal o la firma de cual o tal contrato.
El nuevo YPFB deberá ser producto de toda la experiencia que se tiene en el país en el manejo de las empresas estatales. En ese contexto, debe evitarse convertir a la estatal petrolera en un carga pesada para el Estado y, por el contrario, debe ser ejemplo de administración, de gestión y de producción. De lo contrario, se estará comenzando una nueva historia de decepciones y de malas administraciones.